Un fotógrafo ruso, acusado de espionaje por sus fotos de vacas

Un fotógrafo ruso, acusado de espionaje por sus fotos de vacas
Un fotógrafo ruso, Denis Sinyakov, se enfrenta a cargos criminales por «revelación de secretos de Estado» tras retratar vacas cerca de una base militar en Dagestán. A pesar de ser un proyecto personal sobre la vida rural, las autoridades confiscaron su equipo y lo detuvieron más de una semana. Podría pasar hasta cuatro años en prisión por su curiosa afición a la ganadería paisajística.
0
0

Agárrense, que vienen curvas… o mejor dicho, pezuñas. En Rusia, la vida de un fotógrafo puede ser de todo menos aburrida, especialmente si tienes la osadía de mirar a las vacas a los ojos con una cámara. Denis Sinyakov, un fotógrafo de esos que buscan la belleza en lo cotidiano, se ha metido en un berenjenal de dimensiones épicas: está siendo investigado por un delito de «revelación de información que constituye secretos de Estado». ¿Su arma secreta? Pues… una cámara y un rebaño de vacas. Sí, han leído bien. VACAS.

La historia tiene su miga. Sinyakov estaba en la región de Dagestán, en el Cáucaso, inmerso en un proyecto personal sobre la vida rural. Su objetivo era capturar la esencia de la vida en el campo, con sus paisajes, sus gentes y, claro está, sus animales. La mala pata quiso que su arte lo llevara a un prado donde, además de vacas pastando tranquilamente, había una base militar cerca. Y claro, las autoridades rusas no se lo tomaron a cachondeo.

Nuestro amigo Denis fue detenido y retenido durante más de una semana antes de que le pusieran los cargos. Su equipo de trabajo, que incluía cámara, portátil y hasta el móvil, fue confiscado, no vaya a ser que las vacas hubieran enviado algún mensaje cifrado a sus contactos en el extranjero. Los cargos se basan en el Artículo 283 del Código Penal, una cosa seria que, de ser hallado culpable, podría enviarle a la cárcel hasta cuatro añitos. Imaginen, ¡cuatro años entre rejas por fotografiar a unas rumiantes!

No es la primera vez que Sinyakov se las ve con la justicia. Anteriormente trabajó para Greenpeace y ya fue detenido en 2013 durante una protesta en el Ártico. Parece que nuestro fotógrafo tiene un imán para las situaciones… peculiares. Pero esta, sin duda, se lleva la palma. Activistas de derechos humanos ya han alzado la voz, viendo esto como una posible táctica para intimidar a periodistas y silenciar voces.

Así que ya saben, la próxima vez que paseen por el campo con su cámara, miren bien dónde apuntan. No sea que esas vacas tan monas estén guardando secretos de Estado y ustedes, sin saberlo, se conviertan en agentes dobles del espionaje bovino. Un auténtico disparate que demuestra que la realidad, a veces, supera con creces cualquier guion de película de humor. ¡Menudo marrón!