Un estafador va a la cárcel por vender un Rolex falso que resultó ser cien por cien auténtico

Un estafador va a la cárcel por vender un Rolex falso que resultó ser cien por cien auténtico
Un hombre italiano viajó a Singapur con la intención de estafar a una joyería entregando un Rolex que creía modificado. Logró cambiarlo por tres relojes de lujo y huyó. Sin embargo, la policía descubrió que su Rolex era totalmente auténtico, pero acabó detenido por su intención de delinquir.
0
0

A veces, el karma tiene un sentido del humor retorcido, y si no que se lo pregunten al protagonista de esta rocambolesca historia. Lo que parecía ser el crimen perfecto de un estafador internacional ha terminado convirtiéndose en uno de los casos judiciales más absurdos y fascinantes de los últimos tiempos.

De víctima de estafa a aspirante a genio criminal

Rolex intervenido por la policía tras el intento de estafa

Todo comenzó cuando un ciudadano italiano de apellido Singh adquirió un exclusivísimo Rolex GMT Saru a través de un conocido llamado Matteo. El trato parecía redondo: desembolsó 55.000 euros y un brazalete Cartier valorado en otros 5.000 euros por una pieza que, en el mercado de reventa, podría alcanzar fácilmente los 90.000 euros. Hay que tener en cuenta que de este modelo apenas existen unas 20 unidades en todo el mundo.

Sin embargo, la alegría le duró poco. Varios amigos y una relojería local le advirtieron de un detalle espeluznante: la caja del reloj parecía haber sido manipulada y el número de serie daba la sensación de haber sido grabado con láser a posteriori. Convencido de que le habían dado gato por liebre y de que tenía en su poder una imitación carísima, Singh tomó una decisión muy cuestionable: deshacerse de él estafando a otro incauto.

El gran golpe en Singapur

Ni corto ni perezoso, nuestro protagonista hizo las maletas y voló a Singapur con sus amigos. Su objetivo era claro: colocar el falso Rolex a algún comerciante despistado y sacar tajada. Entró en The Watch Room, una conocida tienda de lujo, y le mostró la pieza al director del local junto con su tarjeta de garantía.

El joyero, maravillado al ver una pieza fuera de catálogo valorada en unos impresionantes 120.000 dólares singapurenses, no dudó en negociar. Y aquí es donde Singh ejecutó su jugada maestra. En lugar de efectivo o transferencias rastreables, pidió un trueque directo. Se llevó consigo un botín espectacular:

  • Un Rolex Daytona valorado en 25.200 dólares.
  • Un Rolex GMT tasado en 25.400 dólares.
  • Un Rolex Submariner con un precio de 44.000 dólares.

Para rematar la faena y no dejar rastro, presentó una copia digital falsificada de su pasaporte bajo el nombre inventado de Sinsi Deepak, cogió sus tres relojes auténticos y salió por la puerta grande creyendo haber cometido la estafa del siglo.

El giro final que nadie esperaba

Poco después del intercambio, el joyero revisó el reloj con una lupa especial y notó la misma anomalía en el número de serie que había asustado a Singh originalmente. Presa del pánico, intentó contactar al italiano, quien ya estaba de camino al aeropuerto de Changi para coger el primer vuelo a Roma y esfumarse para siempre.

La policía logró interceptar a Singh justo antes de despegar. Pero lo que iba a ser un rutinario caso de fraude dio un vuelco digno de comedia cuando las autoridades enviaron el polémico reloj incautado al mismísimo Rolex Service Centre para su peritaje oficial.

«El técnico certificó que absolutamente todas y cada una de las piezas del reloj eran cien por cien auténticas y originales», reveló el informe del fiscal durante el juicio.

El delito de la mente culpable

Aquí es donde entra la magia del código penal. Aunque técnicamente Singh no causó una pérdida real al comercio (porque entregó un reloj de inmenso valor a cambio de otros relojes), el fiscal lo acusó de un intento imposible de estafa basándose en la mens rea, un término jurídico latino que se traduce como «mente culpable».

En resumen: no importa que el reloj fuera verdadero, lo que cuenta es que él estaba completamente seguro de que era falso y actuó con toda la intención, premeditación y alevosía para engañar a otra persona. Ahora, este peculiar estafador se enfrenta a una pena de prisión por intentar timar con un artículo de lujo que, irónicamente, era el tesoro que siempre había soñado tener.