
Amigos, si creíais que el amor incondicional de un perro solo se veía en las películas de Disney, esperad a escuchar la historia de este propietario de Wisconsin, que llevó el concepto de ‘justicia perruna’ a un nivel… digamos, de película de acción de serie B.
Imaginad la escena: un conductor despistado, un golpe, un perro supuestamente atropellado, y el conductor que decide que la mejor idea es pisar el acelerador y huir como si no hubiera un mañana. Gran error. Lo que el conductor no sabía es que el dueño del can no iba a dejar que se saliera con la suya tan fácilmente. Este héroe, o justiciero improvisado, montó en cólera y se lanzó a la persecución, al más puro estilo ‘Fast & Furious’ pero con más rabia y menos presupuesto.
La cosa escaló rápidamente, porque nuestro dueño vengador consiguió dar caza al conductor fugitivo. ¿Y cómo se resuelve un altercado de tráfico y maltrato animal en Wisconsin? Pues, según la policía, sacando una pistola y forzando al conductor a parar. Sí, tal cual. Se le acusa de haber retenido al conductor a punta de pistola, en un intento de hacerle pagar por el presunto atropello y posterior huida.
Ahora, en lugar de una posible indemnización por el pobre animal, el dueño se enfrenta a cargos graves por, básicamente, tomarse la justicia por su mano y hacer uso indebido de un arma. El incidente ha dejado claro que, para algunos, la lealtad perruna no tiene límites, ni siquiera los legales. Moraleja: en Wisconsin, si atropellas a un perro y te das a la fuga, la multa puede ser lo de menos; el verdadero problema es la venganza canina motorizada.
