Un dinosaurio de bolsillo siembra el pánico en un parque de Washington

Un dinosaurio de bolsillo siembra el pánico en un parque de Washington
Una tortuga mordedora aligátor, especie no nativa de la zona, fue descubierta en el parque Juanita Beach de Kirkland. Las autoridades creen que era una mascota ilegal abandonada. El reptil, conocido por su potente mordida, ya ha sido reubicado en un zoológico especializado. ¡Menudo susto!
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Imagínate la escena: un tranquilo paseo por el parque Juanita Beach en Kirkland, Washington. El solecito, los pájaros, tu perro olisqueando todo… y de repente, te topas con algo que parece sacado de Parque Jurásico. Eso es más o menos lo que le ocurrió a una mujer que se encontró cara a cara con una tortuga mordedora aligátor, un bicho que no debería estar allí ni de visita.

Los agentes del Departamento de Pesca y Vida Silvestre de Washington (WDFW) acudieron al lugar y confirmaron el hallazgo. No, no era una tortuga ninja mutante, pero casi. Se trataba de una especie que no es nativa del estado de Washington, sino del sureste de Estados Unidos. ¿Cómo llegó hasta allí? La principal hipótesis es la de siempre en estos casos: alguien la tenía como mascota exótica e ilegal y, cuando se cansó de ella o creció demasiado, decidió que el parque era un buen lugar para ‘liberarla’. Un plan sin fisuras, claro que sí.

Estos reptiles no son precisamente una mascota adorable. Pueden llegar a vivir más de 100 años y superar los 90 kilos de peso. Y lo más importante, su apodo de ‘mordedora’ no es para tomárselo a broma; tienen una de las mandíbulas más potentes del reino reptil. Vamos, que no es el tipo de animal con el que querrías cruzarte mientras buscas un sitio para hacer un picnic.

Por suerte, la historia tuvo un final feliz para todos. La tortuga, que probablemente estaba tan desubicada como los bañistas al verla, fue capturada de forma segura por los expertos del WDFW. Ahora tiene un nuevo hogar en el Washington Reptile Zoo and Education Center, donde podrá vivir tranquilamente sin dar sustos de muerte a nadie. Y los paseantes del parque Juanita Beach pueden volver a caminar tranquilos, aunque seguramente mirarán dos veces antes de pisar una roca con forma sospechosa.