
Si hay algo que uno espera de una buena visita a un asador como Outback Steakhouse, además de carne a la brasa espectacular y pan de cebolla frito, es un aseo funcional. Pues bien, para Dennis R. Adams, de Ocala, Florida, esa visita se convirtió en una pesadilla legal y, presumiblemente, una fuente de dolor de coxis crónico.
La historia es de esas que te hacen replantearte la seguridad estructural de todo lo que te rodea, incluido el humilde váter. Según la demanda que presentó Adams ante la Corte de Circuito de Marion, el calvario comenzó cuando, en un momento de necesidad biológica, acudió al baño de caballeros del establecimiento. El problema, y aquí viene lo gordo, es que el asiento del inodoro, esa pieza de plástico que nos separa del abismo cerámico, estaba en condiciones deplorables.
Adams asegura que el asiento estaba roto, posiblemente partido por la mitad o completamente desenganchado de las bisagras. Al sentarse, en lugar de encontrar un soporte seguro, encontró la gravedad en su máxima expresión. El resultado no fue otro que una caída abrupta directamente dentro del retrete. No se trata de un simple chapuzón incómodo. Adams declara que este incidente le causó lesiones serias, afectando su coxis, su zona lumbar y, en general, toda la parte trasera. ¿Quién iba a pensar que un simple asiento defectuoso podría tener consecuencias tan dolorosas y costosas?
El demandante sostiene que el restaurante fue negligente al no mantener el asiento en buen estado o, al menos, señalizar el peligro. A fin de cuentas, la gente no va a un steakhouse a realizar inspecciones de seguridad en el mobiliario sanitario. El golpe ha sido duro, no solo para su retaguardia, sino también para su bolsillo. Adams busca una compensación por daños y perjuicios que supera los 15.000 dólares. Esta suma está destinada a cubrir gastos médicos, el dolor y sufrimiento experimentado y, la guinda del pastel, la pérdida del disfrute de la vida. Porque, seamos sinceros, ¿cómo se disfruta plenamente de la vida con un coxis magullado cortesía de Outback?
Aunque parezca una trama sacada de una comedia de enredos, la demanda es totalmente real. Esperemos que, al menos, la cadena tome nota y empiece a revisar sus instalaciones con más ahínco. La próxima vez que visites un restaurante, quizás debas comprobar la integridad estructural del váter antes de comprometerte a sentarte. Nunca se sabe cuándo un simple trozo de plástico roto puede desatar una batalla legal.
