Imagínate la escena: un día cualquiera en un instituto de Florida, ese estado famoso por sus noticias que te dejan con la boca abierta, y de repente, ¡zas!, se desata el pánico más absoluto. ¿El motivo? Un chaval de 15 años con una imaginación desbordante y, ojo, un clarinete. Sí, has leído bien, un clarinete.
Nuestro joven protagonista en el Leon High School de Tallahassee, en vez de practicar las escalas de sol mayor o prepararse para la orquesta, decidió darle una vuelta de tuerca a su instrumento musical. Al parecer, este genio del arte dramático fue visto primero con el estuche del clarinete, que, a primera vista, se parecía sospechosamente a una funda de rifle. Y la cosa no quedó ahí. Luego, sacó el clarinete y, con una destreza digna de Hollywood, empezó a empuñarlo como si fuera un M16 recién salido del arsenal.
La situación, lejos de ser una audición para una película de acción de bajo presupuesto, rápidamente se convirtió en un caos. El chaval no solo simuló que apuntaba con el instrumento a otros estudiantes, sino que, para añadir más dramatismo al asunto, empezó a hacer ruidos de disparos y a esconderse detrás de objetos, como si estuviera en plena misión de francotirador. Los testigos, claro, no sabían si reír, llorar o llamar a la Policía (o a la policía de Tallahassee, en este caso).
En cuestión de minutos, el colegio se sumió en un cierre de emergencia total. Padres en vilo, alumnos confinados y una tensión que se podía cortar con un cortador de pizza. Cuando la policía por fin intervino y consiguió detener al «amenazante» músico, la sorpresa fue mayúscula. No era un rifle de asalto, ni una escopeta recortada, ni siquiera una pistola de agua glorificada. Era un simple y humilde clarinete. ¡Menuda banda sonora para un día tan surrealista!
El estudiante, cuya identidad se mantiene en el anonimato por ser menor, fue acusado de delitos que incluyen asalto agravado, alteración del funcionamiento de la escuela y exhibición de un arma en propiedad escolar. Sí, todo eso por un clarinete. Al final, los estudiantes fueron liberados y el instituto pudo volver a la «normalidad», aunque con la anécdota de haber vivido una de las jornadas más absurdas y musicales (quizás) de su historia.
Así es Florida, amigos. Donde un instrumento de viento puede convertirse en un arma de pánico masivo. ¡Seguro que ahora todos los profesores de música miran con otros ojos los estuches de los violonchelos!




