
Imaginemos por un momento la escena: un vecindario tranquilo en Dunwoody, Georgia, y de repente, ¡zas!, un ciervo que pasaba por ahí decide que una valla metálica no es un obstáculo, sino un nuevo accesorio para sus cornamentas. Y claro, el resultado es el que te esperas: el pobre animal acaba más enganchado que un turista a su primera paella.
La cosa es que no se trataba de una pequeña verja de jardín, no. Este venado, con una ambición digna de un artista de circo, se las apañó para encajar sus astas entre los barrotes de una valla ornamental de metal. Un vecino, que seguramente se frotaba los ojos pensando si había bebido más de la cuenta, se encontró con esta estampa tan surrealista y, ni corto ni perezoso, decidió llamar a los servicios de emergencia para echar una mano al desdichado cervatillo (o ciervo adulto, que en tamaño no lo especifica, pero la situación era igual de ridícula).
Según la información oficial, el Departamento de Policía de Dunwoody acudió al rescate, acompañado por el personal de control de animales del condado de DeKalb. Una auténtica operación coordinada para salvar al «Bambi» del apuro. La tarea no era sencilla, ya que un ciervo con los cuernos enganchados no es precisamente un modelo de paciencia. Pero con ingenio y herramientas, la cosa fue para adelante. Los héroes del día, armados con unas impresionantes cizallas, lograron cortar los barrotes que retenían al ciervo.
Una vez liberado de su incómoda prisión de metal, el ciervo, sin un rasguño, decidió que era hora de poner tierra de por medio. Ni un agradecimiento, ni un ‘mu-chas gra-cias’ (comprensible, no hablan nuestro idioma), simplemente salió escopetado, dejando a sus salvadores con la satisfacción del deber cumplido y, seguramente, con una anécdota para contar en la cena. Así que, la próxima vez que veas una valla, recuerda que algunos ciervos tienen un sentido del riesgo… un tanto peculiar. Menos mal que todo acabó bien y el ciervo pudo volver a sus asuntos boscosos sin mayor problema.
