
El concepto de ‘disfrazarse’ de presa ha alcanzado un nuevo y trágico nivel de absurdo en el condado de Des Moines, Iowa. La historia es tan increíble que parece sacada de un guion de comedia negra, si no fuera porque terminó en una fatalidad. Los protagonistas de este suceso son dos jóvenes, ambos de 19 años: Marshall F. Johnson y su amigo, Jerod S. Jochum.
Ambos se encontraban inmersos en una cacería de ardillas en una zona boscosa cerca de Mediapolis. Hasta aquí, una tarde de ocio típica en el campo estadounidense. Sin embargo, la broma se cruzó en su camino con consecuencias devastadoras. Al parecer, Johnson había decidido añadir un toque extrañísimo a la jornada: se puso un rabo de ardilla postizo, o algún tipo de accesorio de broma que imitaba la cola de estos roedores, pegado a su ropa. Sí, un rabo postizo, mientras cazaban a las originales.
La desgracia se desató cuando Jochum, el otro joven cazador, en un momento de distracción o tal vez cegado por el deseo de conseguir su presa, vio un movimiento entre la maleza. En lugar de identificar a su colega, Johnson, Jochum confundió el rabo postizo (o la silueta completa y el movimiento asociado a este accesorio) con una ardilla legítima lista para ser abatida. Desafortunadamente, Jochum no dudó y disparó su rifle del calibre .22.
El resultado fue catastrófico. Marshall Johnson fue alcanzado y falleció a causa de las heridas. Rápidamente, las autoridades locales, incluyendo el Departamento de Recursos Naturales de Iowa, investigaron el incidente. Jochum, el tirador, fue posteriormente acusado de homicidio involuntario. Es difícil imaginar una excusa más inverosímil o dolorosa: matar a tu amigo porque llevaba un accesorio de ardilla de broma mientras buscabais ardillas de verdad. Esta historia es, sin duda, un recordatorio brutal de que en el monte, la seguridad es lo primero, y que las bromas de ‘atrezo’, por muy elaboradas que sean, deben quedarse en casa. Es la prueba de que, a veces, la realidad supera a las noticias satíricas y es capaz de firmar las tramas más ridículas y a la vez, trágicas.
