A ver, seamos sinceros, ¿quién no ha soñado alguna vez con tener su propio bar a solo unos pasos de casa? Pues John Littlewood, un señor de Stockton-on-Tees, se lo tomó al pie de la letra y ha llevado el concepto de «bricolaje de fin de semana» a otro nivel.
Todo empezó, como tantas otras genialidades, durante los largos días del confinamiento. Mientras el resto de los mortales hacíamos pan de masa madre, John decidió que la mejor forma de combatir el aburrimiento era construirse un pub en su propio jardín. Y no hablamos de cuatro palés y una neverita, no. Hablamos de un auténtico templo cervecero en miniatura.
Bautizado como «The Dog & Ball», este cobertizo reconvertido es la envidia de cualquier aficionado a la buena vida. Cuenta con todo lo necesario para no querer salir de casa jamás: cerveza de barril, una diana para echar unas partidas, una chimenea para los días de frío y un montón de objetos de colección que le dan ese toque de pub auténtico, de los de toda la vida. Un currazo en toda regla que ha transformado un simple espacio de almacenamiento en el rincón más codiciado del vecindario.
La cosa no ha quedado en una simple anécdota local. La dedicación de John ha tenido su recompensa, y ni más ni menos que el título de «Pub de Cobertizo del Año». El galardón, otorgado por Two Fat Blokes y Pub Shed Radio, no es moco de pavo: incluye una placa para que presuma con las visitas y un vale de 1.000 libras para gastar en productos de la empresa de rótulos. Su mujer, Shelly, está encantada, y no nos extraña. Tener el mejor pub del país en el jardín de casa debe de ser una fantasía.




