Un alemán cumple su sueño al comprar un submarino soviético de 91 metros

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¿Quién no ha soñado alguna vez con tener un capricho a lo grande? Pero el ‘capricho’ de Roman Mühlschlegel, un alemán de 46 años, va un pasito más allá de la media: ni más ni menos que un submarino soviético de la Guerra Fría. Y no uno de juguete, no, hablamos de una mole de 91 metros de largo y 2.000 toneladas. ¡Casi nada!

Roman, que en su día ya se montó un submarino pequeñito (uno de 9 metros que se sumergía hasta 100 metros y con el que exploraba lagos), se ve que tenía ganas de subir de nivel. Y vaya si lo ha hecho. Su última adquisición es el B-39, un submarino clase Foxtrot construido en 1978, toda una reliquia de la Marina soviética que ha pasado sus últimos años como pieza de museo en Canadá. ¿Y cómo acaba esto en manos de un particular alemán? Pues por esa maravillosa y a veces inexplicable cosa llamada pasión.

Este empleado, cuya profesión no es precisamente la de armador o magnate, ha vaciado gran parte de los ahorros de su vida para hacerse con el B-39. La operación para traer semejante bicho desde Canadá hasta Alemania está siendo una odisea logística que se cuenta en meses. Primero, desmantelarlo en piezas manejables, luego cruzar el Atlántico, y finalmente, reensamblarlo. Imagina el pifostio. Los vecinos de su Sajonia natal deben estar alucinando pepinillos con la que se ha montado este hombre.

Pero Roman no lo hace por postureo o para montar la fiesta del siglo bajo el agua. Su visión es abrir este «monumento a la Guerra Fría» al público, convirtiéndolo en una atracción turística. Así que, si alguna vez pensaste que tu proyecto de bricolaje era ambicioso, échale un vistazo a Roman Mühlschlegel y su ‘pequeño’ submarino. ¡Seguro que te da una nueva perspectiva sobre qué es un verdadero proyecto! Y, quién sabe, quizás pronto podrás ir a visitar su sueño hecho realidad, sin tener que mojarte los pies.