
¡Menudo pajarito! Imaginad la escena: despertarse un viernes por la mañana en Brackendale, Columbia Británica, Canadá, y encontrarse con la sorpresa de que un majestuoso águila calva ha decidido hacer el cabra y quedarse literalmente patas arriba, colgada de un árbol. Y no precisamente para tomar el sol. Hablamos de una situación peliaguda donde sus propias garras se habían atascado, cual ventosas con superglue, en la copa del árbol. ¡Un drama aviar de los buenos!
Los afortunados (o despistados, según se mire) anfitriones de este peculiar espectáculo eran Mike y Melanie Kelly, quienes no daban crédito a lo que veían. El pobre bicho llevaba así al menos 36 horas, vamos, un fin de semana entero con la cabeza para abajo y los pies para arriba, en plan ejercicio de yoga extremo pero sin quererlo. Cualquiera se pillaría un dolor de cuello épico.
Evidentemente, un águila no es un gato de tejado, así que el rescate no era tarea fácil. Los Kelly, con buen criterio, contactaron primero con la SPCA de Squamish. Pero claro, esto requería mano experta. Ahí entró en juego el héroe del día, Bob Peachey, un auténtico gurú del rescate de vida silvestre. Imaginaos a Bob, palo en mano (y no un palo cualquiera, uno con un cuchillo incorporado), intentando desenredar al águila sin que esta le dejara el brazo como una coladera. La operación no era precisamente coser y cantar, sobre todo con un depredador de esas dimensiones tan cabreado como colgado.
Pero como en toda buena historia de rescate, la cosa se puso seria y la Squamish RCMP (la policía montada de Canadá, que no le teme a nada, ni a un águila furiosa) tuvo que intervenir para echar una mano. Entre todos, con una cuerda y mucha paciencia, lograron desatascar las garras de la rapaz. ¡Una odisea!
El águila, probablemente con la cara roja de la vergüenza y un mareo de tres pares de narices, fue trasladada a un centro de rehabilitación de vida silvestre. Allí la están mimando y observando para asegurarse de que se recupere del trance y pueda volver a los cielos a hacer lo que mejor sabe: cazar y no quedarse enganchada. ¡Esperemos que la próxima vez mire mejor dónde aterriza!
