Un afortunado de Ohio duplica su premio en la misma lotería

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Pues sí, amigos, parece que la suerte tiene sus favoritos y, en este caso, se ha encaprichado de Timothy Barfield, un vecino de Canton, Ohio. ¿Qué tiene de especial este señor? Pues que ha protagonizado una historia digna de guion de Hollywood, o al menos, de un episodio muy peculiar de «Cuarto Milenio» pero con billetes de lotería en vez de fantasmas.

Resulta que Timothy no es de esos que compran lotería de vez en cuando, no. Él tiene su ritual: cada día, de camino al curro, se pasa por el Convenient Food Mart de su barrio y pilla un rasca del juego Platinum Millionaire de la Lotería de Ohio. Una costumbre, una rutina, un pequeño placer mañanero, ¿verdad? Pues esa rutina le ha salido ¡rentable por partida doble!

La primera vez que la diosa Fortuna le echó el ojo fue en marzo. Timothy raspó su boleto y ¡zas! 50.000 dólares del ala. «Estaba eufórico,» dijo a los funcionarios de la Lotería de Ohio. Y no es para menos, ¿quién no lo estaría? Uno pensaría que ya con eso, se da uno por satisfecho, quizás se retira un tiempo de los rascas o cambia de juego. Pero no, Timothy es un hombre de convicciones. O quizás, simplemente, le gusta el Platinum Millionaire.

Así que siguió con su ritual diario. Mismo juego, misma tienda. Día tras día. Y entonces, como si la vida le dijera «¡A ver si te atreves a no creer en los milagros!», en octubre volvió a pasar. Otro rasca, otro rascado, y ¡otros 50.000 dólares a la saca! Sí, habéis leído bien. La misma cantidad, el mismo juego, y la misma tienda. «Es la misma tienda, el mismo juego,» confirmó Barfield, casi como si él mismo estuviera sorprendido de que le hubiera tocado dos veces en la misma categoría. «No juego a ningún otro juego», añadió, y la verdad, visto lo visto, ¿para qué? Si algo funciona, no lo toques.

Con su segundo premio, se llevó a casa unos 36.000 dólares limpios después de impuestos, una cantidad nada despreciable que, si bien no le hará millonario, seguro que le arregla el año (y el anterior). Su reacción no fue menos entusiasta: «Estaba eufórico. Sigo estuviéndolo.» Y es que, ¿cómo no? Ganar una vez ya es una hazaña; hacerlo dos veces con las mismas coordenadas de tiempo y espacio, eso ya es para que te pongan una estatua en el Convenient Food Mart.

Así que ya sabéis, la próxima vez que os quejéis de que nunca os toca nada, recordad a Timothy. Quizás la clave no está en cambiar de suerte, sino en ser fiel a un juego, a una tienda y, sobre todo, a una rutina. O simplemente, en tener una flor en el trasero tamaño gigante. Lo que está claro es que la historia de Timothy Barfield es la prueba viviente de que, a veces, la lotería no es tan aleatoria como parece… o sí, y este hombre es la excepción que confirma la regla. ¡Enhorabuena, campeón!