
El precio de los likes en Singapur
Todos sabemos que hacer el tonto en redes sociales puede salir muy caro, pero un estudiante francés de 18 años acaba de descubrir que en Singapur la factura puede incluir una buena temporada a la sombra. ¿El gran crimen? Lamer una pajita de una máquina expendedora de zumos y, con toda la tranquilidad del mundo, volver a ponerla en su sitio.
Los documentos judiciales revelan que el joven decidió que sería una idea brillante grabarse chupando una de las pajitas dispensadas por una máquina de zumo de naranja de la popular empresa iJooz. Pero la genialidad no terminó ahí: devolvió la pajita babeada al dispensador y, cómo no, subió su hazaña a Instagram. El resultado fue el esperado: el vídeo corrió como la pólvora, viralizándose y desatando el asco y la preocupación entre los ciudadanos.
Los cargos: de la broma digital al juzgado real
En Singapur no se andan con chiquitas cuando se trata de higiene y orden público. El país asiático, conocido por sus estrictas leyes, ha sentado en el banquillo a nuestro protagonista, que ahora se enfrenta a dos graves acusaciones que le han quitado las ganas de reír:
- Desorden público: Por subir el vídeo a sabiendas de que causaría alarma, molestias y asco generalizado. Este cargo puede costarle hasta tres meses de cárcel y una cuantiosa multa.
- Vandalismo: Debido a la broma, la empresa iJooz tuvo que retirar y reemplazar por completo las 500 pajitas del dispensador por motivos evidentes de salubridad. Este es el cargo más contundente y conlleva una pena de hasta dos años de prisión, más otra multa.
«El acusado subió el vídeo sabiendo que probablemente causaría molestias graves al público», señala la implacable acusación formal.
Los hechos ocurrieron el pasado 12 de marzo y el joven ya ha tenido que desfilar ante un tribunal de distrito para dar explicaciones. A la espera de la próxima audiencia programada para el 22 de mayo, parece quedar muy claro que la próxima vez que alguien quiera rascar un poco de fama a costa de una máquina expendedora, debería pensárselo dos veces.
