El ukelele que se transforma en guitarra a mitad de canción

Ukelele eléctrico de Mattias Krantz mostrando su transformación mecánica en guitarra, con una flecha que señala el despliegue de las piezas
Imagen del vídeo de Mattias Krantz, autor del instrumento.
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Imagina que estás tocando un ukelele y, en plena canción, tiras del mástil y el instrumento se estira solo hasta convertirse en una guitarra de tamaño completo. Sin cambiar de instrumento y sin cortar el tema. Eso es justo lo que ha construido Mattias Krantz, músico e ingeniero sueco de YouTube: un ukelele eléctrico que se transforma en guitarra a mitad de actuación.

¿Quién es Mattias Krantz?

Krantz no es un luthier cualquiera. Este youtuber sueco lleva años ganándose una legión de seguidores fabricando instrumentos imposibles: una guitarra con las cuerdas flotando sobre imanes, otra con el mástil capaz de girar 360 grados y muchas otras rarezas más propias de un laboratorio que de un escenario. Lo suyo es preguntarse «¿y si…?» y luego encerrarse en el taller hasta que el disparate funciona.

No es el primero al que se le va la cabeza con las seis cuerdas: por aquí ya vimos a un mono colarse en una tienda de música para probar suerte con la guitarra.

¿Cómo se transforma el ukelele en guitarra?

El truco está en un cuerpo que se expande y un mástil retráctil. Con un simple tirón, las piezas se despliegan mediante un sistema de mecanismos internos —mecánicos e hidráulicos, según Laughing Squid— y el pequeño ukelele gana el tamaño y las cuerdas de una guitarra sin dejar de sonar. En el vídeo, la transición parece sacada de una película de robots transformables rodada en un garaje.

La gracia es que, a diferencia de tantos inventos igual de excéntricos, este sí hace exactamente lo que promete. Ni cables ni trampas de edición: se ve en directo.

¿Sirve para algo o es puro espectáculo?

Seamos sinceros: nadie necesita un ukelele que se convierta en guitarra, igual que nadie necesitaba un GPS de rollo de papel. Pero esa es justo la gracia de la ingeniería sin sentido práctico: existe solo para arrancarnos un «¿pero cómo…?» y una sonrisa. Misión cumplida.

Vía Laughing Squid.