¿Un gato que juega al ‘fetch’ y que sale a pasear con correa como si fuera un sabueso? Pues sí, amigos, la naturaleza nunca deja de sorprendernos, y en el corazón del Bronx, Nueva York, tenemos a la prueba viviente de ello: Twinkle. Este minino, un espécimen de pelaje negro azabache, ha decidido ignorar por completo el manual gatuno y se comporta más bien como el mejor amigo del hombre, pero con ronroneos y maullidos.
Twinkle fue rescatado por su dueña, Rachel, y desde el primer día dejó claro que lo de ser un gato ‘al uso’ no iba con él. Nada de siestas eternas en el sofá o ignorar olímpicamente a los humanos. ¡Qué va! Twinkle es de los que te esperan en la puerta cuando llegas a casa, como un fiel can. Y si le llamas por su nombre, ¿adivináis qué? ¡Viene! Sí, un gato que obedece. Parece sacado de una película de ciencia ficción, ¿verdad?
Pero la cosa no acaba ahí. El pasatiempo favorito de Twinkle no es acechar a un ratón de juguete, sino ¡jugar a buscar! Le lanzas algo, ya sea un tapón de botella o una de esas gomas del pelo que siempre desaparecen misteriosamente, y él te lo trae de vuelta, con la misma alegría que un labrador recién salido de la peluquería. Y para rematar la faena, este campeón felino también disfruta de sus paseos con correa por el barrio, observando el mundo con la curiosidad de un perrito explorador.
Rachel, su humana, no puede más que reírse con las ocurrencias de Twinkle. Asegura que el gato se cree una persona, o directamente un perro. Y es que no solo tiene comportamientos caninos, sino que también es un ‘charlatán’ nato, siempre listo para responder con sus maullidos y sonidos peculiares, como si estuviera manteniendo una conversación profunda. Si tienes un gato que apenas te mira, te preguntarás si Twinkle es de verdad. ¡Pues sí, lo es! Y nos demuestra que, a veces, los animales eligen su propia identidad, por muy diferente que sea a lo que esperamos.




