
Cuando el muerto no está tan muerto
Hay gente que no respeta ni el descanso eterno, y si no que se lo digan a los protagonistas de nuestra historia de hoy. Imagínate la escena: una carretera tranquila, un coche fúnebre avanzando con solemnidad y unos agentes de policía que deciden que, por muy lúgubre que sea el asunto, toca echar un vistazo a los papeles. Lo que empezó como un control de tráfico rutinario en Brasil terminó convirtiéndose en el hallazgo del año, aunque no precisamente por motivos espirituales.
Ataúdes con una sorpresa muy blanca
El conductor del vehículo intentó tirar de galones funerarios para evitar el registro, asegurando con semblante serio que trasladaba los restos de dos personas. Pero claro, cuando la policía detectó que la documentación no estaba nada clara y el conductor mostraba un nerviosismo impropio de un profesional del sector, decidieron abrir los féretros. Para sorpresa de los agentes, en lugar de encontrar a alguien descansando en paz, se toparon con 300 kilos de cocaína perfectamente empaquetados. Parece que alguien se tomó demasiado en serio eso de que el viaje al más allá debe hacerse por todo lo alto.
Un plan con demasiadas lagunas
Este ingenioso, aunque macabro, método de transporte pretendía aprovechar el respeto y la empatía que solemos tener por los servicios fúnebres para cruzar fronteras y controles sin levantar sospechas. El sospechoso fue detenido de inmediato en la región de Mato Grosso do Sul, dejando claro que usar ataúdes como maletas de contrabando no es la mejor estrategia de logística criminal a largo plazo. Al final, el único que va a terminar «enterrado» entre rejas es el conductor, mientras que el alijo ha pasado de la funeraria directamente al depósito de pruebas policiales.
