En 1976 un estudiante de instituto mandó a Disney un cuento sobre un monstruo gigante. La editora se lo rechazó con una carta llena de elogios…
En febrero de 1976, una editora de Walt Disney Productions llamada T. Jeanette Kroger se sentó a contestar a un estudiante de instituto que le había mandado un cuento infantil por correo. El cuento se titulaba The Giant Zlig, iba de un monstruo gigante y estaba escrito e ilustrado a mano por un tal Tim Burton.
Disney dijo que no. Pero lo dijo con tanto cuidado que la carta, fechada el 19 de febrero de 1976, lleva desde 2011 circulando por internet como manual de cómo rechazar a alguien sin hundirlo.

¿De qué iba The Giant Zlig?
De un matón. El libro, rotulado a mano y escrito en pareados, arranca presentando «un lugar muy lejano llamado la tierra de Ziv», donde viven todos los monstruos. Allí campa el Zlig, un bicho azul, enorme y narigudo que va apartando a los demás a base de amenazas: «¡Apartaos de mi camino!», les suelta mientras pasea.
Del desenlace solo se han difundido unas cuantas páginas, y en la última se lee la negociación con un mago: el Zlig, ya encogido, le pide que lo devuelva a su tamaño y promete portarse bien y hacerse amigo de los demás. Moraleja de manual y monstruos amables: nada del Burton gótico que vendría después, aunque las narices imposibles ya estaban ahí, dibujadas a mano con la paciencia de quien va fotograma a fotograma.
¿Por qué lo rechazó Disney?
Por parecerse demasiado al Dr. Seuss. Kroger desmenuza el cuento por partes y empieza por el texto:
La historia es lo bastante simple para un público joven (de 4 a 6 años), es mona y demuestra un dominio del lenguaje muy superior al que esperaría de un estudiante de instituto de hoy, pese a algún desliz ocasional de gramática y ortografía.
El pero llegaba justo después: podía ser, escribió, «demasiado derivativa de las obras de Seuss para ser comercializable… no lo sé. Pero desde luego disfruté leyéndola». Del dibujo opinó mejor todavía: «teniendo en cuenta que sufres una falta de herramientas y materiales adecuados, el arte es muy bueno», con unos personajes «encantadores e imaginativos». Y remataba que no solo había disfrutado leyendo sobre el gigante Zlig, sino que además se había reído mirándolo. Despedida: «sigue con el buen trabajo, y suerte».

¿Qué fue de aquel estudiante de instituto?
Que acabó entrando en Disney de todos modos. Burton estudió animación en CalArts y a principios de los ochenta ya trabajaba en el estudio: pasó por Tod y Toby, ejerció de artista conceptual en Taron y el caldero mágico y dirigió allí dos cortos propios, Vincent y Frankenweenie. El segundo le resultó a Disney demasiado siniestro para el público familiar y en 1984 se separaron: el estudio lo dio por despedido y él siempre lo ha contado como un «cada uno por su lado».
Hollywood está lleno de estas paradojas, desde el guionista de la bañera hasta un cuadro perdido que reapareció colgado en una película. Y el veredicto de Kroger, cincuenta años después, envejece bastante bien: acertó en que el chaval escribía y dibujaba mejor de lo normal, y falló en la única línea que importaba en el negocio. La tierra de Ziv nunca llegó a las librerías; los monstruos narigudos, a media cartelera.
Vía Mental Floss, SlashFilm y Gizmodo; páginas del libro y carta completa publicadas por ComicsAlliance y MousePlanet.
Foto de portada: página de The Giant Zlig, © Tim Burton, vía ComicsAlliance.




