
Agárrense, amantes de los tomates de huerta y los churrascos: en Texas, el derecho a ponerse las botas de cowboy y cultivar tus tierras o criar ganado ya no es solo una costumbre, ¡es un derecho constitucional! Sí, como lo leen. Los votantes del estado de la estrella solitaria han dicho ‘sí’ a la Proposición 1, que ni más ni menos que eleva la actividad agrícola y ganadera a la categoría de derecho fundamental.
La idea detrás de esta peculiar enmienda, propuesta por el representante estatal Stan Kitzman y la senadora Lois Kolkhorst, es tan sencilla como suena: proteger a los agricultores y ganaderos de las presiones de la creciente urbanización y de lo que ellos llaman ‘demandas frívolas’. Porque claro, no hay nada peor que estar tranquilamente ordeñando tu vaca y que un vecino recién llegado de la ciudad se queje del olor a estiércol o del canto del gallo al amanecer. ¡Faltaría más!
Con un contundente 69% de los votos a favor, esta medida busca dar a los profesionales del campo una defensa legal más sólida contra posibles pleitos por molestias o incluso contra la expropiación. La cosa es que, según los defensores, esto es clave para asegurar el suministro de alimentos y mantener vivas las tradiciones rurales de Texas. Vamos, que quieren que nadie les ponga pegas a la hora de producir leche, carne o algodón, y que el espíritu cowboy siga campando a sus anchas.
Pero, como en toda buena historia de vaqueros, no todo el mundo está de acuerdo. Las voces críticas, incluyendo a grupos como Texas Small Farmers & Ranchers CBO y organizaciones ecologistas como Sierra Club, ven esta jugada como un posible caballo de Troya. Temen que la enmienda pueda anular ordenanzas locales importantes sobre el uso de pesticidas, la gestión del agua o la protección ambiental. La preocupación es que, bajo el manto de ‘proteger el derecho a la granja’, se puedan abrir las puertas a prácticas menos sostenibles o que afecten negativamente a los vecinos no agricultores y al medio ambiente. Algunos incluso sugieren que las leyes existentes de ‘derecho a la granja’ ya eran suficientes y que esto es, bueno, un poco exagerado. ¿Necesita el derecho a cultivar un brócoli la misma protección que la libertad de expresión?
Eso sí, la enmienda tiene sus asteriscos: no podrá afectar al poder del estado de expropiar tierras ni a las regulaciones relacionadas con residuos industriales o ciertas leyes de salud y seguridad. Así que, aunque ahora sea un derecho constitucional plantar tu lechuga, no esperes que te dejen montar una granja de residuos tóxicos en el jardín del ayuntamiento. Menos mal.
En resumen, Texas ha decidido que sus granjeros y ganaderos son tan importantes que merecen una protección especial en la mismísima Constitución. Un brindis por la zanahoria constitucional, ¡que viva el campo!
