
Agárrense los sombreros de papel de aluminio, porque en Tennessee la política ha decidido mirar al cielo, pero no precisamente para disfrutar de un buen día soleado. Resulta que un comité de la Cámara de Representantes ha dado luz verde a un proyecto de ley que tiene como objetivo… ¡prohibir los ‘chemtrails’! Sí, esos mismos ‘chemtrails’ que, según algunas teorías de la conspiración, son estelas químicas secretas de aviones destinadas a controlar el clima o quién sabe qué más.
El proyecto de ley, que ya ha pasado por el Senado y ahora espera el voto de la Cámara, es un intento de evitar lo que denomina “geoingeniería troposférica”. Esto, en un lenguaje más mundano (y un poco enrevesado), significa prohibir la inyección intencionada de productos químicos, elementos, sustancias o compuestos en la atmósfera desde aeronaves con el fin de alterar la temperatura, el clima o la intensidad de la luz solar. ¡Ahí es nada!
Pero, como suele ocurrir con estas cosas, la letra pequeña tiene su gracia. La legislación es tan amplia que algunos críticos ya han levantado la voz, advirtiendo que podría prohibir de paso prácticas legítimas como la siembra de nubes (un método para inducir lluvia) o, lo que es aún más cómico, las propias estelas de condensación normales que dejan los aviones, esas que los científicos insisten en que no son más que… ¡agua congelada! Imagínense: un piloto surcando los cielos de Tennessee y, ¡zas!, de repente se convierte en un delincuente ambiental por dejar una estela de vapor. La ciencia, por su parte, lleva años diciendo que los ‘chemtrails’ no son más que una bonita leyenda urbana, un malentendido de las estelas de condensación.
Este no es el primer rodeo legislativo del tema en Tennessee. El año pasado ya hubo un intento similar que acabó en nada, pero parece que la insistencia da frutos, o al menos pasa comités. Ahora, el destino de los cielos de Tennessee, y la posible confusión entre una conspiración y un fenómeno físico, está en manos de la Cámara. Mientras tanto, nos preguntamos si la próxima ley prohibirá a los unicornios o declarará ilegal la existencia de Pie Grande. La imaginación legislativa, al parecer, no tiene límites.
