El teleférico de Gubbio: de pie en una jaula que nunca se detiene

En Gubbio, en plena Umbría, se sube al monte Ingino de pie dentro de una jaula abierta. Y ojo: la jaula no para, así que toca subirse en marcha…

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En Gubbio, en plena Umbría, se sube al monte Ingino de pie dentro de una jaula abierta. Y ojo: la jaula no para, así que toca subirse en marcha…

Imagina que vas a coger un teleférico y, en lugar de una cabina cerrada con asiento, te llega una jaula metálica abierta, para dos personas y sin sitio para sentarse. Y que además no se para: pasa por delante de ti y tienes que meterte dentro sobre la marcha.

Eso es la Funivia Colle Eletto, el teleférico de Gubbio, un pueblo medieval de la Umbría italiana, cerca de Perugia. Desde 1960 sube a sus pasajeros de pie, en jaulas abiertas, desde el centro histórico hasta la basílica de Sant’Ubaldo, en lo alto del monte Ingino, en unos seis minutos.

¿Cómo se sube a una jaula que no se detiene?

Igual que a un telesquí: las jaulas avanzan sin pausa por la estación y el personal va colocando a los viajeros en su sitio para que, cuando llega la suya, salten dentro. Un empleado te abre la portezuela, entras y ya estás colgando. En la llegada, lo mismo pero al revés: hay que bajarse con la jaula en movimiento.

La recompensa son las vistas sobre los tejados de Gubbio y el valle. Quien firma el blog World Travel Family, que confiesa tener miedo a las alturas, lo describió como un cruce entre un cubo y una jaula de pájaro, y admitió que al final no fue para tanto.

Jaula vacía del teleférico de Gubbio colgando del cable sobre cipreses, con los tejados del pueblo y el valle al fondo
Una de las jaulas del teleférico, con Gubbio a sus pies. Foto: Zorro2212 / Wikimedia Commons, CC BY-SA 4.0.

¿Por qué se construyó un teleférico así en Gubbio?

La idea nació con motivo del octavo centenario de la muerte de san Ubaldo, el patrón de la ciudad, cuyos restos se conservan en la basílica de la cima. Un grupo de vecinos encabezado por Zeno Cipiciani quiso facilitar la subida al santuario a peregrinos y visitantes, y como el dinero no llegaba, se abrió una suscripción popular a la que se sumaron las instituciones locales.

El teleférico entró en servicio el 3 de diciembre de 1960 y, con las mejoras que ha ido recibiendo desde entonces, sigue funcionando todo el año. Según la empresa que lo gestiona, el trayecto sale de los 532 metros de altitud del centro de Gubbio y termina a 803 metros, junto a la basílica.

¿Cuándo merece más la pena subir?

Cualquier día despejado vale, pero en Navidad el paseo tiene premio extra: en la ladera del monte Ingino se enciende el árbol de luces que Gubbio anuncia como el árbol de Navidad más grande del mundo. Subir a verlo en una jaula abierta ya es otro nivel.

Es de esos inventos de los sesenta que hoy parecen cosas de otra época que hoy nos pondrían los pelos de punta, pero con más de sesenta años de servicio a la espalda. Italia no anda escasa de rarezas, de las ventanas del vino de Florencia para abajo, y en eso de subir montañas por las bravas le hace buena compañía el ascensor de 288 metros de Yunnan. Eso sí: aquí el truco no es la altura, es atinar con el salto.

Vía Funivia Colle Eletto (historia), Funivia Colle Eletto, Italia.it, Funivie.org, Atlas Obscura, Viaggiare a piedi pari y World Travel Family.

Foto de portada: Greg Schechter / Wikimedia Commons, CC BY 2.0.