Tejanos desesperados rezan a Jesús para que frene la invasión de centros de datos en sus ciudades

Tejanos desesperados rezan a Jesús para que frene la invasión de centros de datos en sus ciudades
En Granbury, Texas, la fiebre por la inteligencia artificial y las criptomonedas ha colmado la paciencia de los vecinos. Cansados del ruido infernal y el consumo desmesurado, han recurrido a la intervención divina, rezando a Jesús en los plenos del ayuntamiento para detener su construcción.
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La cruzada divina contra los servidores

En la pintoresca localidad de Granbury, Texas, los plenos del ayuntamiento siempre han comenzado con una oración. Sin embargo, en una reciente sesión, las plegarias tomaron un rumbo tecnológico bastante inusual. Matt Long, un miembro de la comisión de desarrollo del condado, decidió invocar al Altísimo con una petición muy concreta y acorde a los nuevos tiempos:

«Quiero rezar en el nombre de Jesús para que la tierra anexionada no se convierta en un centro de datos».

Así es, los ciudadanos han pasado de pedir por la paz mundial o las buenas cosechas a implorar que no les instalen una enorme granja de servidores cerca de casa. A pesar de la intervención celestial y de las múltiples quejas terrenales de los vecinos, el consejo municipal votó a favor de recalificar más de 800 hectáreas de terreno para el llamado Project Patriot, un gigantesco centro de datos de inteligencia artificial.

El paraíso de la IA se convierte en un infierno vecinal

Texas siempre ha presumido de ser el edén de los negocios. De hecho, el gobernador Greg Abbott llegó a bautizar al estado como el «epicentro del desarrollo de la IA». Pero los habitantes locales no comparten el entusiasmo de los políticos y de los multimillonarios de Silicon Valley. Sus principales preocupaciones diarias incluyen:

  • El ruido ensordecedor y constante de los sistemas de refrigeración industrial.
  • La merma en la calidad del aire y los posibles daños ambientales a su entorno.
  • El impacto estratosférico en el consumo energético, que podría cuadruplicarse para 2032 y disparar la factura de la luz.

Para ilustrar el drama que viven, los vecinos del condado de Hood ya han demandado a MARA Holdings Inc., una empresa que opera instalaciones de minería de Bitcoin desde 2024. Los afectados aseguran que el zumbido es tan intenso y perturbador que les ha provocado migrañas crónicas, falta de sueño e incluso tinnitus. Como era de esperar, la empresa se defiende afirmando ser un «vecino responsable» que cuenta con tecnología de refrigeración «silenciosa y eficiente».

Señal contra el ruido de las granjas de Bitcoin

Cuando los conservadores se vuelven ecologistas

La situación ha llegado a un punto en el que los estereotipos políticos tradicionales se están desdibujando por completo. Daniel Piatt, cineasta y residente de Granbury (galardonado varias veces como el mejor pueblo histórico de Estados Unidos), también ha llevado a los tribunales la construcción del Project Patriot al descubrir escandalizado que la parcela limita directamente con un hospital y una escuela.

Según Piatt, resulta sumamente impactante ver cómo en una zona muy conservadora del estado, los habitantes han adoptado de repente un discurso sorprendentemente verde. «Todo el mundo habla de que tenemos que proteger nuestra agua y nuestro aire», comenta asombrado ante el cambio de mentalidad. Y es que, como él mismo resume a la perfección: «Cuando te afecta directamente a ti, cambias de melodía rápidamente».

Un problema de escala nacional

Terreno de un futuro centro de datos en Texas

Esta pintoresca rebelión comunitaria tejana no es un caso aislado. A lo largo y ancho de Estados Unidos, los ciudadanos de a pie se están organizando ferozmente para detener la invasión de las máquinas. En un reciente sondeo de Gallup, se reveló que siete de cada diez estadounidenses se oponen rotundamente a la construcción de centros de datos de IA en su zona residencial. Y parece que las protestas vecinales están dando sus frutos: el año pasado, decenas de proyectos valorados en más de 156.000 millones de dólares fueron bloqueados o paralizados gracias a la fuerte oposición local.

Desde los tranquilos pueblos de Pensilvania hasta el exclusivo condado de Palm Beach en Florida (donde protestan airadamente contra un proyecto a escasos minutos de la residencia de Donald Trump en Mar-a-Lago), los ciudadanos tienen muy claro que no están dispuestos a sacrificar su paz mental por el progreso del machine learning y las criptodivisas. De momento, en Texas parece que la solución más viable a corto plazo es seguir rezando en los plenos y cruzar los dedos para que un milagro burocrático, o la divina providencia, paralice las excavadoras.