
Elegir un tatuaje es un compromiso de por vida. O al menos, eso nos dicen. Sin embargo, la realidad es que miles de personas han decidido plasmar ideas, rostros o frases bajo los efectos de la impulsividad, el alcohol o, simplemente, la mala suerte de encontrar a un tatuador que no sabía lo que hacía. El resultado es esta galería de horrores que demuestran que el arrepentimiento es la única emoción verdaderamente permanente.
Desde Buzzfeed se lanzó una llamada a sus lectores para que compartiesen esos trozos de arte corporal que desearían que la máquina del tiempo pudiera borrar. Y vaya si respondieron. Prepárense para sentir un escalofrío en la nuca ante la colección de tinta fallida más dolorosa de internet.
Cuando el diccionario se va de fiesta: Fallos de ortografía épicos
Si hay algo que duele más que la aguja, es que la frase profunda que has elegido esté mal escrita para siempre. El ejemplo más famoso, que ya es un meme cultural, es el de la persona que se tatuó “No Ragrets”. Sí, leyó bien, ‘Ragrets’ en lugar de ‘Regrets’ (arrepentimientos). Es un error tan monumental que casi se convierte en un acierto irónico, aunque el portador probablemente no comparta esa opinión. ¡Un clásico del error permanente!
Otros errores comunes se centran en el sentimentalismo. Los nombres de parejas, especialmente si la relación tiene menos solidez que un castillo de arena en la orilla, son una fuente inagotable de desdicha. Varias personas confesaron llevar el nombre de su ex y ahora solo tienen dos opciones: o el láser, o rezar para que su futuro cónyuge no sea demasiado celoso con la identidad grabada de un amor pasado.
El Retrato que no fue y el Arte Tribal de la Desesperación
Los tatuajes con rostro son una apuesta de altísimo riesgo. Cuando salen bien, son increíbles. Cuando salen mal, se convierten en dibujos de cera derretida o, peor aún, en caricaturas de personas que nunca existieron. Un usuario mostró un gigantesco retrato de una mujer en su espalda que, según admitió, «odia profundamente». Lo mismo ocurre con aquellos que intentaron emular a sus héroes o personajes de ficción, terminando con figuras que recuerdan vagamente a personajes de dibujos animados mal dibujados tras un duro choque.
Y no olvidemos el clásico de los años 90 y principios de los 2000: el tatuaje tribal aleatorio. Muchos lectores se arrepienten ahora de esos patrones negros sin sentido que se hicieron en la universidad, generalmente en un momento de gran efervescencia juvenil. La mayoría admite que simplemente querían algo que les hiciera parecer “guays” y ahora simplemente parecen un código QR fallido o un garabato permanente en sus brazos y espaldas.
Decisiones bajo presión: La Catarsis del ‘Hecho en Casa’
Un factor común en muchos arrepentimientos es la falta de profesionalidad y el exceso de confianza. Varios tatuajes fueron realizados por amigos que “estaban aprendiendo” o en ambientes poco higiénicos. ¿Quién necesita un estudio de tatuajes profesional cuando tu colega tiene una máquina comprada online y una idea brillante? El resultado suelen ser líneas temblorosas, colores que se desvanecen mal y diseños que parecen creados por un niño de cinco años. Un ejemplo claro fue el de alguien que se tatuó un personaje de videojuego (como Sonic o Knuckles) que, por la calidad del dibujo, daba la impresión de haber sufrido un accidente nuclear o haber sido dibujado a ciegas. La lección es clara: invertir en un buen profesional y no dejar que tu amigo te haga un dibujo permanente de un gato que parece que le ha pasado un camión por encima. Estos momentos de impulsividad demuestran que, a veces, el mejor tatuaje es el que nunca llegas a hacerte.
