
El regulador regulado por la máquina
En un giro de los acontecimientos que roza el surrealismo tecnológico, el gobierno de Sudáfrica se ha visto forzado a retirar su flamante borrador de política nacional sobre Inteligencia Artificial. La ironía del asunto es digna de guion de comedia: el texto diseñado para establecer los límites éticos y legales de la IA fue, según múltiples indicios, escrito por la propia IA.
Las pistas que destaparon el pastel
Las alarmas saltaron cuando diversos académicos, periodistas y expertos en tecnología comenzaron a escudriñar el documento oficial. En lugar de encontrar un marco legal robusto y adaptado a la realidad del país, se toparon con un texto que desprendía un inconfundible aroma a respuestas automatizadas. Los investigadores señalaron varios fails clamorosos:
- Alucinaciones documentales: El borrador citaba referencias y fuentes bibliográficas que, sencillamente, no existen en el plano terrenal.
- Estructuras repetitivas: El tono monótono y las frases comodín típicas de los grandes modelos de lenguaje asomaban en cada párrafo.
- Desconexión local: Las propuestas parecían una plantilla genérica que ignoraba por completo el contexto socioeconómico sudafricano.
El intento de regular la inteligencia artificial pidiéndole a la inteligencia artificial que redacte las reglas es, cuanto menos, una genialidad incomprendida.
Tras el aluvión de críticas y el evidente sonrojo institucional, las autoridades no tuvieron más remedio que dar marcha atrás y despublicar la propuesta. Ahora, el departamento responsable deberá enfrentarse de nuevo a la hoja en blanco, esperando que esta vez sea un humano humano quien teclee las normativas y no un asistente virtual haciendo horas extras.
