Sucesos históricos extravagantes que superan cualquier ficción

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A menudo pensamos en la historia como una sucesión soporífera de fechas y tratados firmados por señores con peluca, pero la realidad es que el pasado está plagado de momentos absolutamente surrealistas que harían palidecer a cualquier guionista de comedia. Un ejemplo perfecto ocurrió en el siglo XIII, cuando el Papa Gregorio IX decidió que los gatos negros eran encarnaciones de Satanás. Esta brillante idea provocó una exterminación masiva de felinos que, indirectamente, facilitó que las ratas portadoras de la peste camparan a sus anchas por Europa. Un plan sin fisuras.

Jarabe de heroína y presidentes que daban mamporros

Si crees que la regulación farmacéutica actual es estricta, es porque no viviste a finales del siglo XIX. En aquella época, la empresa Bayer comercializaba la heroína como un remedio eficaz contra la tos. Sí, se vendía como un jarabe apto incluso para niños, antes de que alguien se diera cuenta de que, quizá, no era la mejor idea para la salud pública. Mientras tanto, en Estados Unidos, Abraham Lincoln no solo se dedicaba a la política; el hombre era un luchador de élite. De sus más de trescientos combates, solo perdió uno, lo que le valió un puesto de honor en el Salón de la Fama de la Lucha Libre. Imaginen a un presidente actual haciendo una llave de sumisión en el Despacho Oval.

Guerras contra pájaros y aves malhabladas

La capacidad del ser humano para meterse en líos absurdos alcanzó su cénit en 1932 con la Guerra del Emú en Australia. El ejército se enfrentó a una plaga de estas aves gigantes utilizando ametralladoras y, para sorpresa de nadie excepto de los militares, los pájaros ganaron la contienda gracias a su velocidad y maniobrabilidad. Pero si de animales peculiares hablamos, el loro del presidente Andrew Jackson se lleva el premio. El ave tuvo que ser expulsada del propio funeral de Jackson porque no paraba de soltar insultos y palabras malsonantes que había aprendido de su dueño. Ni siquiera en el último adiós hubo paz. Finalmente, conviene recordar que la guerra más corta de la historia, entre Reino Unido y Zanzíbar, duró apenas 38 minutos. Fue poco más que una pausa para el café con artillería de por medio.