Aardman saca a puja más de 220 piezas de su archivo por el 50 aniversario y todas salen desde 100 libras, incluido el pingüino Feathers McGraw…
Los muñecos que Aardman usó de verdad para rodar Wallace y Gromit, La oveja Shaun o las películas de Chicken Run salen a subasta. El estudio de animación británico saca más de 220 piezas de su archivo para celebrar su 50 aniversario —que cuenta desde su primera producción, en 1976— y todas arrancan en el mismo punto: 100 libras. La casa Propstore abrió la puja el 4 de septiembre y la cierra en una sesión en directo el 24 de septiembre de 2026.
El precio de salida es lo que convierte esto en algo más que una nota de prensa. No hay lotes reservados a coleccionistas de otra liga: todos empiezan igual de bajo. Dónde acaba cada figura cuando la sala se anima ya es otra historia.
¿Por qué Feathers McGraw es la estrella del catálogo?
Feathers McGraw, el pingüino que no dice una sola palabra, es el villano más famoso de la casa. Debutó en el corto Los pantalones equivocados (1993) haciéndose pasar por gallina con un disfraz que era una sola prenda: un guante de goma rojo encasquetado en la cabeza, a modo de cresta.
Un pingüino se pone un guante de goma rojo en la cabeza, pasa por gallina y cuela. Pican todos menos el perro.
Feathers volvió en 2024 como antagonista de Wallace y Gromit: La venganza se sirve con plumas, y de esa película salen las tres marionetas que encabezan el catálogo: el propio pingüino con su guante, un Wallace y un Gromit.
¿Qué más se puede pujar y adónde va el dinero?
El resto del catálogo recorre casi toda la casa: las gallinas de Chicken Run: Amanecer de los nuggets, un Shaun de Shaun the Sheep: The Beast of Mossy Bottom, que se estrena este mes, y piezas de Early Man y Robin Robin. También los muñecos de arcilla originales de Morph y de su compañero Chas, modelados por Sir Peter Lord, cofundador de Aardman. Morph debutó en televisión en 1977, dentro del programa infantil Take Hart de la BBC, y era literalmente un pegote de arcilla capaz de deshacerse y rehacerse a voluntad.

Hay bastante más que marionetas: bocetos, guiones gráficos, atrezo en miniatura y carteles firmados. Lo recaudado se destina a los programas de formación del propio estudio, con becas de su academia y ayudas para animadores que empiezan.
Las subastas de objetos de culto se han vuelto un género propio —el metro de Nueva York remató sus máquinas de MetroCard y en Christie’s hubo un lote que se decidió con una partida de piedra, papel o tijera—, pero lo que se vende aquí es trabajo de mano: figuras que alguien movió milímetro a milímetro, fotograma a fotograma, con la misma paciencia artesanal que un zoetropo dibujado a mano.
Cien libras para empezar a pujar por un trozo de infancia. El problema nunca es la salida: es el señor del fondo de la sala que también se acuerda del pingüino.
Vía Aardman, Cartoon Brew y el catálogo de Propstore.
Foto de portada: © Aardman.




