Agarraos fuerte a vuestros estetoscopios, porque la noticia que os traemos desde Estados Unidos es de esas que te dejan con la boca abierta y la ceja levantada. Imagina la escena: te has pasado años estudiando, salvando vidas, soportando turnos infernales y lidiando con todo tipo de situaciones, y de repente, ¡zas! Tu propio gobierno decide que tu carrera no es, ejem, ‘profesional’. Sí, habéis leído bien. Hablamos de la enfermería.
Resulta que el Departamento de Educación de Estados Unidos, con una lógica que desafía la gravedad, ha dictaminado que los grados de enfermería (ya sean de licenciatura o máster) no entran en la categoría de ‘grados profesionales’ para acceder a ciertos programas de aplazamiento o cancelación de préstamos estudiantiles. Esto significa que mientras abogados, médicos, dentistas y veterinarios pueden disfrutar de estas ayudas tan necesarias para aliviar sus deudas, los enfermeros… pues no. ¡Que se apañen!
La indignación en el sector es, como era de esperar, estratosférica. Organizaciones como la American Nurses Association (Asociación Americana de Enfermeros) y la American Association of Colleges of Nursing (Asociación Americana de Facultades de Enfermería) han puesto el grito en el cielo, calificando la decisión de ‘insultante’ y ‘discriminatoria’. Y no es para menos. Un enfermero no solo necesita una formación académica rigurosa, sino que también debe pasar por exámenes de licencia y está en la primera línea de la atención sanitaria, tomando decisiones críticas que pueden significar la diferencia entre la vida y la muerte. ¿Qué hay más profesional que eso?
El quid de la cuestión reside en una definición un tanto… anticuada. Un memorándum del departamento de 2007 (basado en una normativa de 1989, ¡ahí es nada!) establece que un grado profesional es aquel que generalmente requiere una licenciatura previa y que te permite ejercer una profesión. Y aquí viene el absurdo: aunque un BSN (Bachelor of Science in Nursing) es una licenciatura que te permite ejercer, la interpretación burocrática es que no es una *segunda* licenciatura previa a la profesión, sino la *primera* para entrar directamente en ella. Es decir, si estudiaste algo antes y luego hiciste un doctorado en derecho, ¡bingo!, profesional. Si estudiaste enfermería para ser enfermero, ¡ups!, parece que no es tan profesional. Un auténtico juego de semántica que ignora la realidad de la profesión.
Miles de enfermeros, que cargan con deudas de préstamos estudiantiles que no son ninguna broma, se encuentran ahora en un limbo. Es como si, de repente, los arquitectos decidieran que sus edificios no son realmente ‘estructuras’ porque no están hechos de nubes. Es un golpe bajo a una profesión que, irónicamente, es fundamental para la salud pública y que requiere una dedicación y unos conocimientos que poco tienen que envidiar a cualquier otra carrera ‘profesional’ reconocida.
Mientras el Departamento de Educación se escuda en la ‘interpretación estatutaria’ y sugiere que el Congreso debería cambiar la ley, los enfermeros de todo el país siguen luchando por el reconocimiento que merecen. Ya se ha presentado alguna iniciativa legislativa para corregir este desatino, pero de momento, la burocracia sigue ganando la partida al sentido común. Así que la próxima vez que veas a un enfermero, no solo le agradezcas su labor, ¡recuérdale que, para algunos, es solo un ‘aficionado’ con un título no ‘profesional’! (Nota: ¡esto último es ironía, por supuesto!).




