
Cuando uno piensa en el poderío militar de los Estados Unidos, la imagen que viene a la mente es la de un presupuesto casi infinito y tropas atendidas con todo tipo de lujos. Pues bien, esa narrativa choca frontalmente con la cruda realidad que viven muchas familias de militares americanos destinadas en Alemania. La situación ha pasado de ser una preocupación económica a un motivo de vergüenza nacional.
El caldo de cultivo de este despropósito es doble y explosivo. Por un lado, la inflación en Europa, especialmente disparada por la crisis energética derivada del conflicto en Ucrania, ha encarecido de forma dramática la vida en Alemania. Los precios de la energía y los comestibles han hecho subir el coste de la cesta de la compra a niveles insostenibles para muchos.
Por otro lado, y aquí está el giro irónico, la ayuda compensatoria que reciben estos soldados —conocida como COLA (Cost of Living Allowance) o complemento por coste de vida— ha sido recortada. Este complemento se supone que debe ajustarse a la realidad económica del país anfitrión, pero parece que la burocracia militar va con un desfase considerable respecto a la realidad del supermercado. El resultado: las familias militares no llegan a fin de mes.
Ante la incapacidad de la base para cubrir necesidades básicas, la solución que se ha puesto sobre la mesa es tan sorprendente como humillante: que recurran a los ‘Tafeln’. Para quien no los conozca, los ‘Tafeln’ son las organizaciones de caridad alemanas, los equivalentes a los bancos de alimentos, que reparten excedentes de comida a ciudadanos con bajos ingresos.
La indignación entre las filas es palpable. Verse obligados a acudir a la caridad de un país extranjero cuando se sirve al ejército más poderoso y con mayor presupuesto del planeta es un golpe bajo a la moral. Los responsables de las organizaciones de apoyo a los militares han confirmado que la recomendación se da por necesidad pura, reconociendo que los salarios y los ajustes del COLA son insuficientes para vivir dignamente. La próxima estrategia militar, quizás, sea aconsejar a los soldados que busquen cupones de descuento en el periódico local. Porque cuando tu estrategia de defensa global te lleva a depender del excedente de pan de una ONG local, algo gordo se está cociendo en los despachos.
