Secretos de funeraria: los salseos y anécdotas más surrealistas de los enterradores

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El lado más surrealista del negocio de la muerte

Es completamente natural sentir curiosidad por la muerte y por todo lo que ocurre a puerta cerrada en las funerarias. Si alguna vez te has preguntado qué anécdotas esconden los enterradores, directores de funeraria y técnicos de la morgue, prepárate para un viaje salvaje. A través de un popular hilo en Reddit, estos profesionales se han sincerado sobre las cosas más extrañas, espeluznantes y sorprendentemente divertidas que han vivido en su jornada laboral.

Lejos del silencio y la solemnidad que imaginamos, lidiar con difuntos puede ser un auténtico caos lleno de sustos de muerte (nunca mejor dicho) y ataques de risa incontrolables. Aquí te dejamos las mejores historias:

  1. El concierto de los juguetes de cuerda

    En el funeral de un hombre muy querido por su afición a coleccionar juguetes de cuerda, familiares y amigos decidieron hacerle un último homenaje colocando decenas de ellos en el interior de su ataúd de metal. Lo que parecía un gesto tierno se convirtió en una comedia de enredos. Cuando los operarios empezaron a empujar el féretro hacia el altar, cada pequeño movimiento accionaba los mecanismos.

    «Al primer empujón se escuchó un BANG BANG BANG ensordecedor amplificado por el metal del ataúd. Nos paramos horrorizados. Volvimos a empujar y la caja siguió retumbando. La gente que no había visto el tributo nos miraba con caras de auténtico pánico»

    relata uno de los trabajadores. Afortunadamente, la familia se moría de risa imaginando al difunto disfrutando del espectáculo desde el más allá.

    Juguetes de cuerda

  2. El paciente que canceló su propio entierro

    El asistente del director de la morgue estaba a punto de preparar a un hombre que acababa de fallecer tras una larga serie de derrames cerebrales severos. La enfermera había certificado su muerte tras no realizarle la reanimación por deseo expreso de la familia, pero algo no cuadraba. El pecho del hombre subía y bajaba lentamente.

    «Pensé que era una simple ilusión óptica que te juega la mente a veces en este trabajo», confiesa el empleado. Pero su veterano compañero de faena se acercó, lo revisó minuciosamente, buscó el pulso en el cuello y la muñeca, y ordenó llamar inmediatamente a emergencias. ¡El tipo seguía vivo! Según el jefe de la funeraria, era la cuarta vez en sus 40 años de carrera que un cadáver resucitaba en su propia mesa.

    Hombre asustado cubriéndose la cara

  3. Gases, pedos y gemidos de ultratumba

    Aunque suene escatológico, la muerte es sucia y ruidosa. Los cuerpos sin vida son una auténtica fábrica de gases debido a los procesos de las bacterias. Esto provoca que los cadáveres se tiren unos pedos monumentales. Pero lo que resulta verdaderamente perturbador no son las flatulencias, sino cuando el aire atrapado escapa lentamente a través de las cuerdas vocales, provocando unos espeluznantes gemidos que dejaron a más de un trabajador novato al borde del colapso nervioso.

  4. El móvil oculto dentro del ataúd

    La tensión y el recogimiento de un funeral fueron brutalmente interrumpidos cuando un teléfono móvil empezó a sonar a todo volumen mientras el rabino oficiaba la ceremonia. Todos los presentes miraban a su alrededor juzgando y buscando al desalmado que no había silenciado su dispositivo, hasta que se hizo un gélido silencio al darse cuenta del origen: el tono de llamada provenía desde el interior de la propia caja de madera sellada.

  5. Golpes desde el horno crematorio

    Un transportista novato hacía su primera entrega nocturna a las 10 de la noche. Mientras pesaba y organizaba los cuerpos en absoluto silencio bajo las luces fluorescentes, escuchó unos golpes contundentes que provenían del interior de uno de los hornos crematorios apagados. ¡Thump, thump! Convencido de que un demonio iba a salir corriendo por el techo para atraparle, decidió terminar su trabajo en tiempo récord sudando frío. Al día siguiente, el operario le explicó partiéndose de risa que solo era el ruido de las pesadas planchas de metal del horno contrayéndose mientras se enfriaban.

    Pasillo oscuro de hospital o morgue

  6. Un cigarrillo para el más allá

    Una señora que había sido fumadora empedernida durante toda su existencia y que jamás se había puesto maquillaje, falleció. Con toda la buena intención, el embalsamador decidió pintarle las uñas para disimular el feo color amarillento causado por el tabaco. A la familia no le hizo ninguna gracia verla tan presuntamente glamurosa, ya que no era su estilo. Para compensar, en un descuido del personal, sus allegados le pusieron un buen cigarro entre los dedos y un mechero bajo sus manos cruzadas para que, al menos, se fuera al otro barrio siendo ella misma.

  7. Criando malvas (de forma literal)

    Acudir a recoger un cuerpo tras varios días oculto en una vivienda nunca es plato de buen gusto debido al olor y la descomposición. Sin embargo, un trabajador relata la estampa más perturbadora y a la vez poética de su carrera: tras inspeccionar la habitación, encontraron el cuerpo postrado en el suelo con pequeñas flores silvestres creciendo y saliendo directamente desde el interior de su boca abierta.

  8. El cura boxeador

    La tensión de dar el último adiós también afecta a los vivos. Durante un velatorio católico, el sacerdote se colocó de tal forma en el altar que obligaba a los asistentes a esquivar el ataúd torpemente para recibir la comunión. Al ver las dificultades de los familiares, un avispado trabajador de la funeraria decidió mover la pesada caja un par de metros a un lado para dejarles paso. Al cura la maniobra logística no le hizo ni pizca de gracia y, perdiendo totalmente los papeles, le soltó un puñetazo directo al hombro al empleado en pleno altar sagrado.

  9. El susto del perro de la jardinera

    En una pequeña funeraria de la isla de Vancouver, la chica encargada del mantenimiento de los jardines y plantas exteriores solía llevar a su enorme perro al trabajo. El problema llegó el día que cometió el error de comprarle un fémur de vaca colosal para masticar. Ver a una bestia imponente en la misma puerta de entrada de una morgue, saboreando y triturando felizmente un hueso gigante, provocó que más de una señora de avanzada edad estuviera a punto de desmayarse pensando lo peor al llegar al velatorio.

Definitivamente, trabajar entre la vida y la muerte exige nervios de acero, un estómago a prueba de bombas y un sentido del humor muy particular. ¿Serías capaz de aguantar un solo día en este oficio sin salir corriendo de miedo?