¿Te imaginas unas vacaciones de ensueño en la idílica Cerdeña? Sol, playa, pasta fresca… ¿Y un safari para cazar flamencos rosados? Pues, aunque suene a chiste de muy mal gusto, parece que a algunos turistas muy VIP les parecía un planazo de lo más exclusivo. La policía italiana ha puesto el foco en una supuesta red criminal que operaba en la hermosa isla, ofreciendo un «pack vacacional» de lo más peculiar: la oportunidad de abatir aves protegidas a cambio de… bueno, de un buen pico de dinero. Hablamos de miles de euros, no de unas pocas calderillas para el chiringuito de la playa.
¿Quiénes eran las pobres víctimas emplumadas de este capricho de lujo? Pues nada menos que aves tan icónicas como los flamencos rosados, las espátulas, las garcetas, las garzas, los cormoranes y, claro, un sinfín de otras especies que, según la ley, deberían estar disfrutando de la vida sin temor a un balazo. Y no hablamos de una caza al estilo tradicional, con camuflaje y paciencia de monje. Aquí la cosa era más de «primera clase»: se cazaba desde vehículos, desde barcas y, para rematar la faena, incluso de noche. ¡Todo un despliegue de ingenio para saltarse cualquier atisbo de ética o legalidad!
¿Y quiénes eran estos «cazadores» con cartera abultada y puntería dudosa? Se habla de turistas adinerados, muchos de ellos procedentes de los estados del Golfo y Rusia. Parece que para algunos, las postales de Cerdeña se quedan cortas si no incluyen un trofeo de plumas exóticas. Los grupos ecologistas, como la Liga Sarda para la Protección Ambiental (LAC) y Giancarlo Orru de la Liga Ambiental de Cerdeña, llevan años con la mosca detrás de la oreja (y no precisamente un insecto a cazar). Orru, por ejemplo, ha denunciado que esto lleva sucediendo ¡durante veinte años! Veinte años de impunidad para los «amantes» de la fauna silvestre, pero solo si es desde la mira de un rifle.
Por suerte, la fiesta parece estar acabándose. La investigación policial está en marcha, y esperemos que ponga fin a este despropósito donde el lujo se disfraza de barbarie y la naturaleza paga el pato (nunca mejor dicho). A ver si estos «safaris» terminan de verdad tras las rejas, y no solo en las crónicas de los periódicos.




