
Agárrense, porque la historia que os traemos hoy es de esas que te hacen levantar una ceja (o las dos, si la noticia es potente). Imaginad la escena: un profesor americano, con sus años, su experiencia, su vocación… y, de repente, ¡zas! 14 años de cárcel en Rusia. ¿El motivo? Nada de espionaje internacional ni de tramas dignas de una peli de James Bond. Simplemente, un poco de cannabis medicinal. Sí, habéis leído bien.
El protagonista de este culebrón con toques de humor negro es Marc Fogel, un señor que, hasta 2021, se dedicaba a impartir historia en la prestigiosa Escuela Anglo-Americana de Moscú. Vamos, una persona respetable y dedicada. Pero la vida da muchas vueltas, y en agosto de ese año, su ‘aventura’ rusa dio un giro inesperado en el aeropuerto de Sheremetyevo. ¿Qué llevaba Marc en su equipaje? Pues algo menos de 17 gramos de cannabis. Pero no era para echarse unas risas con los colegas, no. Era su medicación prescrita en Pensilvania para lidiar con un dolor de espalda crónico y otras dolencias que le tienen al borde de la invalidez.
Fogel, seguramente pensando que lo que es legal en muchos estados de EE. UU. sería, como poco, un problemilla menor en Rusia si presentaba sus papeles, se encontró con una realidad mucho más dura. Los tribunales rusos no solo no se apiadaron, sino que le soltaron una pena de 14 años en una colonia penal de máxima seguridad. Ni más ni menos. Y, por si la cosa no fuera ya de por sí surrealista, el pasado lunes un tribunal ratificó esta condena. Ni apelaciones ni gaitas. A cumplir la pena.
Y aquí es donde la historia adquiere un tono más… curioso. La situación de Fogel se compara a menudo con la de otras figuras estadounidenses más mediáticas en Rusia. Tenemos a Brittney Griner, la baloncestista que fue liberada en un intercambio de prisioneros tras ser pillada con ¡menos de un gramo! de aceite de cannabis en vaporizadores. O a Paul Whelan, el ejecutivo de seguridad acusado de espionaje, que también sigue entre rejas. Pero, a diferencia de ellos, Marc Fogel aún no ha sido declarado «detenido injustamente» por el Departamento de Estado de EE. UU., lo que complica enormemente cualquier posibilidad de canje.
La familia de Marc está, como es lógico, desesperada. Su estado de salud es delicado: problemas de columna, discos, glaucoma, varias operaciones y la necesidad de usar un andador. Su estancia en prisión es una auténtica tortura y temen por su vida. Han rogado al gobierno estadounidense que intervenga y le dé el estatus de «detenido injustamente» para poner fin a este sinsentido.
En fin, que entre un poco de hierba para el dolor y una condena que ni el peor de los traficantes, Rusia nos vuelve a demostrar que sus leyes tienen un sentido del humor muy particular. O al menos, un sentido de la proporción que a nosotros se nos escapa por completo. Un caso que, sin duda, nos recuerda que hay fronteras que no solo separan países, sino también realidades legales… y el sentido común.
