Robar un autobús para ‘despejar la cabeza’: la peculiar escapada de Rory en Irlanda

Robar un autobús para 'despejar la cabeza': la peculiar escapada de Rory en Irlanda
Rory O'Donoghue, de 27 años, robó un autobús en Letterkenny y lo condujo hasta Sligo (Irlanda) para "despejar su mente" tras una discusión y una noche de copas. Fue detenido a la mañana siguiente y, pese a sus alegaciones, su historial delictivo le valió un año de prisión.
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A ver, todos hemos tenido un mal día, una discusión con la pareja que nos deja con ganas de escapar, ¿verdad? Pues Rory O’Donoghue, un irlandés de 27 años, se lo tomó al pie de la letra, pero a su manera, digamos… poco convencional. Después de una bronca con su novia y unas cuantas pintas para olvidar las penas, Rory sintió la imperiosa necesidad de «despejar la cabeza» y «alejarse de todo». Y claro, en vez de coger un taxi, un tren o simplemente dar un paseo, Rory pensó: «¿Qué tal un autobús?». Sí, un pedazo de bus de la compañía Bus Éireann, valorado en unos 150.000 euros, que encontró aparcado en un garaje de Letterkenny.

Así que, ni corto ni perezoso, Rory se subió a los mandos del mastodonte y puso rumbo a Sligo. Ni más ni menos que unos 70 kilómetros de travesía nocturna para, suponemos, meditar sobre la vida, el amor y los caminos equivocados… literales y figurados. La escapada de Rory terminó al amanecer del lunes, cuando la Garda (la policía irlandesa) lo localizó en Sligo, a eso de las seis de la mañana. No es que un autobús de línea sea precisamente discreto aparcado en cualquier sitio, ¿verdad?

Cuando le preguntaron por qué diablos había robado un autobús, su respuesta fue la joya de la corona: «Solo quería despejar mi cabeza». Ahí lo tenemos, la justificación definitiva para una joyride de 70 kilómetros en un vehículo de transporte público ajeno. El juez Kevin Kilrane, que seguro que no es la primera vez que se topa con historias rocambolescas, no se lo pensó dos veces. A pesar de que el autobús solo sufrió daños menores (unos 2.000 euros), el historial de Rory no le hacía ningún favor. El chaval ya tenía un currículum envidiable de condenas por conducción peligrosa, borracho al volante y sin licencia, entre otras lindezas.

Con semejante historial y la peculiaridad del «medio de transporte» elegido para su huida existencial, el juez le cascó una pena de 12 meses de cárcel. Y, como colofón, le soltó una frase que pasará a la historia judicial de Irlanda: «Tal vez su próximo vehículo sea un tren». Pobre Rory, quería huir de la realidad y acabó en prisión, con una anécdota digna de un pub irlandés y una lección: la próxima vez que necesites «despejar la cabeza», quizás un paseo a pie o una buena charla sea suficiente. Y, por favor, no cojas prestado el autobús de línea.