
La Talisker Whisky Atlantic Challenge, más conocida como la «World’s Toughest Row», no es precisamente un paseo en barca. Es una paliza de remos a través del vasto y a menudo hostil océano Atlántico, donde el agotamiento y la estrategia son clave para sobrevivir. Pues bien, imaginad el nivel de concentración que debe tener el equipo Call to Earth cuando, en pleno desafío extremo y a millas de la civilización, deciden poner un punto y aparte… ¡para hacer de veterinarios marinos!
Resulta que mientras se dejaban la piel remando en medio del Atlántico, se toparon con algo que no encajaba con el paisaje monocromático del agua: una majestuosa tortuga boba (*Caretta caretta*) de tamaño considerable. Lo terrible es que el pobre animal estaba completamente enredado en una de esas trampas mortales que son las redes de pesca fantasma. El reptil luchaba desesperadamente, con la red aprisionándole seriamente el cuello y las aletas.
El equipo, lejos de seguir la marcha y priorizar la regata —que, recordemos, es la más dura del mundo—, decidió que había cosas más importantes que ganar una medalla. Pararon el bote, que en sí mismo es una maniobra arriesgada en esas aguas, y se acercaron con la máxima cautela. Acto seguido, sacaron las herramientas de cirugía improvisada que tenían a mano: un cuchillo sin punta y unos alicates.
Durante unos gloriosos 20 minutos, trabajaron con la precisión de cirujanos a bordo de un pequeño bote, luchando contra las olas para mantener la estabilidad mientras cortaban cuidadosamente las mallas que aprisionaban a la tortuga. Fue un trabajo duro y lento, pero al final, lograron liberar completamente al animal. La recompensa no fue una copa ni un premio económico, sino ver a la tortuga boba alejarse nadando libremente, sana y salva. Un recordatorio épico de que, incluso cuando intentas batir récords mundiales, la bondad y la llamada a la Tierra (nunca mejor dicho, dado el nombre del equipo) siempre tienen prioridad.
