Tu smartwatch cuenta pasos, avisa de los correos y se queda sin batería a media tarde. El reloj más complejo jamás fabricado no hace nada de eso: en su lugar sigue el calendario lunar chino hasta el año 2200 y toca las campanadas del Big Ben cuando se lo pides, sin una sola pila dentro.
Se llama Berkley Grand Complication, lo firma la manufactura suiza Vacheron Constantin y desde 2024 ostenta un récord difícil de discutir: es el reloj mecánico más complicado jamás construido, con 63 complicaciones reunidas en una sola pieza.
¿Qué es una «complicación» y por qué 63 es un récord?
En relojería, una complicación es cualquier función que va más allá de marcar la hora: un cronógrafo, una fase lunar, una alarma o un calendario. Un reloj corriente tiene una o dos. El Berkley acumula 63, repartidas entre 31 agujas y varios discos giratorios.
El récord anterior ya era suyo: la Reference 57260, presentada en 2015 con 57 complicaciones. El Berkley le añade seis más y destrona a su propio hermano mayor. Reúne 2.877 piezas ensambladas a mano y necesitó once años de trabajo, uno de ellos dedicado solo a montarlo, en la línea de otras proezas de paciencia como un coche de LEGO a tamaño real o el chocolate más fino del mundo.
¿Qué puede hacer que tu reloj no?
Su gran novedad es histórica: es el primer reloj mecánico con calendario perpetuo chino, programado para funcionar hasta el año 2200. Monta además el calendario gregoriano de toda la vida, así que sabe a la vez en qué día estás según Pekín y según Occidente.
Y luego está el espectáculo sonoro. Lleva una grande sonnerie con carillón Westminster: cinco martillos golpean cinco gongs para reproducir la melodía de las campanas del Big Ben. Todo esto, además, es un reloj de bolsillo: mide casi diez centímetros de diámetro y no cabría en ninguna muñeca.
Lo encargó el coleccionista estadounidense William R. Berkley, que le presta su nombre, y su precio nunca se hizo público: es una pieza única fabricada por encargo. Comparado con este monstruo mecánico, el astrolabio que hacía de «smartphone» en el siglo XVII casi parece un cacharro sencillo.
Al final, la ironía es deliciosa: la máquina que mejor mide el tiempo del universo es justo la que nunca sacarás a pasear. Vía Monochrome.

