
Si pensabas que el remo era un deporte de élite y materiales ligeros, es que nunca has visitado Tualatin, Oregón. Aquí, el lujo no se mide en fibra de carbono, sino en pulpa vegetal y toneladas de peso. Hablamos de la Regata Anual de Calabazas Gigantes de la Costa Oeste, el evento donde la nave más rápida es, literalmente, una verdura sobredimensionada.
Cada año, la gente de Tualatin se vuelve loca, vaciando estas bestias naranjas –algunas superando los 450 kilos, ¡más que un burro, y 1.000 libras!– y lanzándolas al agua con la esperanza de no naufragar en un mar de pepitas. Los participantes se meten dentro de estas cucurbitáceas huecas y, armados con un remo, intentan mantener el rumbo en el lago. Es un esfuerzo titánico que exige tanto equilibrio como una buena dosis de humor, porque el riesgo de acabar cubierto de pulpa es alto.
El espectáculo es épico y atrae a miles de curiosos que, francamente, solo quieren ver a alguien volcar y tener su momento de gloria vegetal. Pero la parte más divertida son los disfraces. Olvídate de los trajes de neopreno; aquí se compite con estilo y fantasía. Hay de todo, desde personajes de cuento hasta figuras históricas, todos intentando demostrar que su calabaza es la más marinera.
Y la edición de este año tuvo un claro héroe de la navegación intergaláctica: Dan Jones. Ataviado con un traje de astronauta –porque, claro, si vas a navegar en una calabaza gigante, necesitas protección contra el vacío cósmico y la mirada de asombro del público–, Jones demostró que la destreza en el remo es inversamente proporcional al tamaño de tu embarcación. Logró dominar su manga, demostrando que para ser un auténtico aventurero del agua, solo necesitas un buen remo y una calabaza tan grande que te daría para hacer sopa para toda la provincia. En resumen, si alguna vez necesitas cruzar un lago en otoño y no tienes una barca, recuerda: siempre puedes confiar en una buena calabaza gigante.
