Récord en Malabares: Rusia Ofrece Paz Mientras Intensifica la Guerra

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Imaginad la escena: estás en una discusión acalorada, ofreces una rama de olivo con una mano… mientras con la otra, casualmente, enciendes la motosierra. Pues algo así de surrealista es lo que ha ocurrido recientemente en el tablero internacional. Rusia ha salido a la palestra afirmando que un acuerdo de paz con Ucrania está «a tiro de piedra», basándose en un borrador de marzo de 2022. Todo esto, atención, mientras sus tropas redoblan la marcha y aprietan el acelerador en la ofensiva por la región de Donetsk, especialmente cerca de Chasiv Yar. Un movimiento que, si no fuera tan trágico, casi parecería sacado de una comedia de enredos.

El famoso borrador de 2022, que ahora rescatan del cajón del olvido, proponía una Ucrania neutral a cambio de garantías de seguridad. Suena bien, ¿verdad? El pequeño detalle es que ese acuerdo no tocaba ni con un palo los temas territoriales más espinosos, como Crimea o las regiones del este de Ucrania ya bajo control ruso. Además, y aquí viene el giro dramático, Ucrania lo descartó por completo después de que salieran a la luz las supuestas atrocidades de Bucha, algo que dinamitó cualquier atisbo de confianza.

Desde Kiev, la respuesta no se ha hecho esperar, y es un ‘no’ rotundo, con extra de escepticismo. Los ucranianos, desde el presidente Zelenskyy hasta su ministro de exteriores, Dmytro Kuleba, han sido bastante claros: esto no es más que una «cortina de humo» de Rusia. Un intento descarado de ganar una «pausa» en el conflicto para reorganizar sus fuerzas y rearmarse, no una búsqueda sincera de la paz. Zelenskyy lo ha dejado meridiano: cualquier acuerdo debe respetar la soberanía y la integridad territorial de Ucrania. Vamos, que no están para chistes.

El ministro de Exteriores ruso, Sergey Lavrov, insistía en que aquel borrador de 2022 «sigue siendo válido». Una declaración que el ministro Kuleba, con la paciencia de un santo, calificó de maniobra para descarrilar una cumbre de paz global que Suiza está organizando para junio. La cosa está clara: mientras unos hablan de paz, otros aprietan el gatillo. La ironía de la situación es tan gruesa que casi se puede cortar con un cuchillo.

En resumen, la situación es un claro ejemplo de doble moral diplomática, donde las palabras y los hechos viajan en carriles completamente opuestos. Rusia parece jugar al «aquí te pillo, aquí te mato», con un mensaje de paz en una mano y una escalada militar en la otra. Y Ucrania, por su parte, no está dispuesta a caer en lo que considera una trampa para que su enemigo se tome un respiro. La partida de ajedrez geopolítica sigue, y de momento, la paz parece ser la pieza más escurridiza del tablero.