Proceso Dew: La justicia más refrescante de Portland

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Imagina esta escena: un tribunal, la tensión palpable, un sospechoso esperando su destino… y de repente, ¡zas!, el juez le dice que su caso se resuelve con una lata de refresco. ¿Suena a guion de comedia de bajo presupuesto? Pues no, amigos, esto ocurrió de verdad en Portland, y es tan surrealista que parece sacado directamente de un sketch de humor absurdo.

La historia, que ha dejado a más de uno con la boca abierta y la mandíbula en el suelo de la risa, nos lleva a un juzgado de Portland. Allí, un sospechoso debía comparecer ante el juez. Todo dentro de la normalidad protocolaria hasta aquí, ¿verdad? Pues no. El pequeño gran detalle, que desató todo el vodevil judicial, es que su oficial de libertad condicional… ¡brilló por su ausencia! Un contratiempo que, en cualquier otro tribunal de este planeta, podría haber complicado seriamente las cosas, llevando a aplazamientos, sanciones o incluso órdenes de búsqueda.

Pero este no era un tribunal cualquiera, y este juez, al parecer, tenía un oído bastante peculiar o, quizá, una sed irrefrenable. La clave de todo el embrollo fue una confusión lingüística que, sin duda, pasará a los anales de la historia judicial (y de la publicidad encubierta, si me apuras). Durante el proceso, el magistrado, en un momento de supuesta lucidez o, más probablemente, de desorientación fonética, confundió la frase crucial ‘due process’ (que en español significa ‘debido proceso legal’, un pilar fundamental para la justicia) con ‘Dew process’. Y no, no se refería a un proceso de rocío matutino ni a ningún otro fenómeno meteorológico. Se refería a la mismísima Mountain Dew, la famosa bebida gaseosa de color verde eléctrico, conocida por su sabor… ‘único’.

Sí, has leído bien. En lugar de asegurarse de que al sospechoso se le garantizaban sus derechos fundamentales y se seguía el protocolo legal establecido para estos casos, el juez interpretó la situación como una oportunidad única para aplicar una ‘justicia refrescante’ y, francamente, de lo más original. Y así fue como, en un giro que ni el guionista más imaginativo de Hollywood o Netflix habría ideado ni en su día más inspirado, al sospechoso se le permitió zanjar su caso… ¡con una lata de Mountain Dew! Desconocemos si se la bebió allí mismo para sellar el pacto judicial más bizarro de la historia, si la usó como prueba de su ‘Dew process’ ante la estupefacta sala, o si simplemente la presentó como una ofrenda a la peculiaridad del sistema judicial. Lo que sí sabemos es que el caso quedó ‘resuelto’ de la manera más insólita y espumosa posible.

Esta anécdota nos deja pensando en si necesitamos más jueces con sed de Mountain Dew o si, por el contrario, deberíamos invertir urgentemente en unas buenas clases de fonética y discernimiento verbal para nuestros tribunales. Lo que está claro es que la ‘Dew process’ ha sentado un precedente… delicioso, cuanto menos. ¿Quién dijo que la justicia no puede ser refrescante y, sobre todo, hilarante? Sin duda, un trago de humor en medio de la seriedad (a veces excesiva) de los tribunales.