El pollo frito que lleva 66 años friéndose en el mismo aceite

En Mishima fríen su pollo premiado en un aceite que empezó a calentarse en 1960 y jamás se ha tirado del todo. La abuela lo arrancó y ya es leyenda…

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En Mishima fríen su pollo premiado en un aceite que empezó a calentarse en 1960 y jamás se ha tirado del todo. La abuela lo arrancó y ya es leyenda…

Imagina entrar en una pequeña pollería de Japón, pedir su famoso pollo frito y descubrir, mientras te chupas los dedos, que se está friendo en un aceite que empezó a calentarse en 1960. El mismo año en que se estrenó Psicosis. Pues esa es, literalmente, la receta secreta del local.

Hablamos de Wakadori, una modesta casa de karaage en Mishima (prefectura de Shizuoka) que acaba de llevarse el máximo galardón del Karaage Grand Prix, el campeonato nacional de pollo frito de Japón. Y cuando su responsable, Yoshihiro Tsuchiya, reveló en una entrevista cuál era su as en la manga, internet se llevó las manos a la cabeza.

Un aceite que la abuela puso a calentar en 1960

Según Tsuchiya, que heredó el negocio de su abuela, el secreto está en el aceite «envejecido»: una base grasa que se viene reutilizando desde que el local abrió, hace 66 años. Ese aceite añejo aporta, dice, un «aroma complejo» y un sabor «imposible de replicar» con aceite recién comprado.

«Es un sabor único que no se consigue con aceite nuevo», presume la casa, que asegura que algunos clientes se comen hasta los huesos.

Antes de que te imagines una freidora con seis décadas de mugre fosilizada, conviene matizar. No es exactamente el mismo aceite de 1960: cada noche el equipo filtra los restos y las impurezas, guarda solo una pequeña cantidad del viejo como «madre» y la mezcla con aceite fresco. Es la misma idea del caldo de toda la vida que nunca se tira, solo que en versión frita.

De hecho, no es ninguna excentricidad aislada: el restaurante Otafuku de Tokio lleva más de 70 años rellenando el mismo caldo de oden, y en Bangkok hay una sopa que va por su quinta década. Japón es tierra de estas obsesiones culinarias, como demuestran el atún que maduran bajo una capa de moho peludo, los huevos de yema blanca de Hokkaido o el chocolate más fino del mundo, que solo se fabrica en Tokio.

¿De verdad se puede comer eso?

Aquí viene el pero. Los expertos en alimentación advierten de que el aceite no se comporta como un caldo: freír una y otra vez genera sustancias poco recomendables, como las grasas trans y la acrilamida, y diluir con aceite nuevo cada día no las elimina del todo. El local insiste en que el filtrado diario mantiene la calidad bajo control.

Con un jurado de por medio premiando el resultado, está claro que algo bien hacen. Eso sí, la próxima vez que alguien te diga que tu sartén «ya pide aceite nuevo», recuérdale que en Mishima llevan 66 años sin cambiarlo. Y tienen una medalla de oro para defenderlo.

Vía Oddity Central y Shizuoka Shimbun.