Político canadiense aparca los discursos y se pone 330 corbatas por un récord

Político canadiense aparca los discursos y se pone 330 corbatas por un récord
En un giro inesperado de la política canadiense, un diputado ha cambiado el debate parlamentario por un reto de moda extrema. El objetivo: batir el récord mundial de corbatas llevadas a la vez. Con 330 nudos al cuello, lo ha conseguido, demostrando que la política puede ser sofocante.
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Olvídense de los debates acalorados, las promesas electorales y las largas sesiones en el parlamento. La política en Canadá ha alcanzado un nuevo nivel de… ¿flexibilidad? Un político del país norteamericano ha decidido que la mejor forma de servir a sus ciudadanos era batiendo un récord mundial de lo más peculiar: llevar puestas el mayor número de corbatas posible al mismo tiempo.

Y no, no estamos hablando de una docena, ni de cincuenta. La cifra final, que ya forma parte de los anales de las hazañas más extrañas, fue de 330 corbatas. Trescientos treinta nudos de seda, poliéster y vaya usted a saber qué más, apilados uno encima del otro, creando una especie de bufanda multicolor y absurdamente voluminosa que seguramente le impedía girar la cabeza para saludar a sus votantes.

Imaginen la escena. Un asistente, probablemente perplejo, le va colocando una corbata tras otra. La primera, elegante. La décima, ya empieza a apretar. A la número cien, la respiración se complica. A la número doscientos, es probable que ya no distinguiera los colores. Y al llegar a las 330, el hombre se convirtió en una obra de arte conceptual andante, un monumento al exceso textil.

La pregunta que todos nos hacemos es: ¿por qué? ¿Fue una apuesta con un colega de partido? ¿Una forma innovadora de recaudar fondos para una causa benéfica? ¿O simplemente se aburría soberanamente durante una comisión parlamentaria? La fuente no lo detalla, pero nos deja con la gloriosa imagen de un servidor público demostrando que tiene cuello para todo, literalmente.

Sea como fuere, este político ha logrado su objetivo. Su nombre quedará grabado en el libro de los récords, demostrando que para dejar huella en la historia no siempre hace falta aprobar una ley. A veces, solo necesitas un armario bien surtido y una paciencia infinita.