Pizza exprés a la fuerza: Una espera de diez minutos desata el caos

Pizza exprés a la fuerza: Una espera de diez minutos desata el caos
Una mujer en Virginia Occidental, Cheyenne Kincaid, destrozó un Little Caesars y agredió a un empleado y a la policía. ¿El motivo? Le dijeron que su pizza tardaría diez minutos. La paciencia no fue su fuerte, y la espera le costó cargos por destrozos, obstrucción y agresión a un agente.
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¿Diez minutos? ¿Diez minutos para una pizza? ¡Inaudito! Parece que este fue el pensamiento exacto que cruzó la mente de Cheyenne N. Kincaid, de 30 años y natural de Moundsville, Virginia Occidental, antes de decidir que la paciencia es para los débiles. El escenario de este drama pizzero fue un tranquilo Little Caesars en Wheeling, y la hora, alrededor de las 3:45 de la tarde. Lo que empezó como un simple pedido terminó en una escena digna de una película de acción de bajo presupuesto.

Nuestros queridos agentes del condado de Ohio fueron alertados de un «cliente indomable». Y vaya si lo era. Al parecer, la señorita Kincaid no estaba precisamente contenta con la estimación de tiempo para su ansiada pizza. Una espera de diez minutitos, de nada. Para muchos, esto es el tiempo justo para mirar un par de reels en Instagram o mandar un par de WhatsApps. Para Cheyenne, fue la chispa que encendió la mecha.

Ni corta ni perezosa, decidió que las reglas estaban para romperse (y también algunas cosas de la tienda). Se coló tras el mostrador –probablemente buscando su pizza, o quizás la máquina del tiempo– y empezó a lanzar objetos por los aires. Platos, utensilios, quizás algún trozo de masa volador… La crónica de los hechos no especifica, pero sí que lanzó un objeto no identificado a un empleado, golpeándole en la cara. Afortunadamente, el empleado no sufrió heridas. Pero el susto, y la experiencia de dodgeball con objetos de pizzería, seguro que no se lo quita nadie.

Antes de que los agentes pudieran llegar al lugar de los hechos, nuestra protagonista express decidió que su misión estaba cumplida y se esfumó. Pero el destino, o la ubicación de las escuelas cercanas, la traicionó. Fue localizada en el parking de la Woodsdale Elementary School, quizás buscando refugio entre los niños o una coartada de «fui a buscar a mi sobrino». Cuando los agentes intentaron detenerla, la cosa se puso todavía más movida. Cheyenne no se lo puso fácil: se resistió, forcejeó y hasta intentó propinar una patada a uno de los agentes.

Finalmente, y tras un pequeño forcejeo digno de un viral de TikTok, fue reducida y trasladada a la Prisión Regional del Norte. Los daños en el Little Caesars se estimaron en unos 500 dólares, una cifra que probablemente cubre el precio de varias docenas de pizzas y algún que otro utensilio volador. La espera de diez minutos le salió cara a la señorita Kincaid: ha sido acusada de destrozos, obstrucción a la justicia y agresión a un oficial de policía. Todo por una pizza que, esperemos, al menos valiera la pena… o que nunca llegó a probar.