Pinky, el flamenco escapista, tiene una cita con un cisne salvaje

Pinky, el flamenco escapista, tiene una cita con un cisne salvaje
Pinky, un flamenco de Cornwall Park, Nueva Zelanda, ha sido encontrado 150 km lejos, disfrutando de una "cita" con un cisne salvaje tras más de un mes desaparecido. El personal del parque debate si dejar que esta inusual pareja florezca libremente o traer al aventurero Pinky de vuelta.
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Atención, cotilleo animal del bueno: ¿Qué hace un flamenco cuando la rutina del parque se le queda pequeña? Pues, si eres Pinky, el flamenco más aventurero de Cornwall Park en Nueva Zelanda, te marcas una huida épica de 150 kilómetros y terminas viviendo un idilio romántico con… ¡un cisne salvaje! Sí, sí, como lo lees.

Pinky, un flamenco chileno de unos diez añitos y conocido por su peculiar carácter, decidió que ya era hora de cambiar de aires hace más de un mes. Desapareció de su hogar en el parque, dejando atrás a su «pareja» oficial (que no era un cisne, por cierto) y a los cuidadores con un palmo de narices. La preocupación flotaba en el ambiente, porque, seamos sinceros, un flamenco rosa no es precisamente un maestro del camuflaje en los paisajes neozelandeses.

Pero la sorpresa vino cuando, casi como sacado de un guion de película romántica de Disney, una vecina avispada, Jill Beddington, lo avistó en Parua Bay, a unos respetables 150 kilómetros de su punto de partida. Y no estaba solo. Allí estaba Pinky, paseando tranquilamente y, según Beddington, «muy cómodo» junto a un majestuoso cisne blanco. La vecina, que inmortalizó el momento con su cámara, no pudo evitar notar lo «bonitos que estaban juntos», casi como si estuvieran en su primera cita.

Murray Reade, director de Cornwall Park, no tardó en confirmar la identidad del fugitivo. «Sí, es nuestro Pinky, sin duda», declaró. Y ahora, el dilema moral: ¿Se interrumpe este amor interspecies y se trae de vuelta a Pinky a la jaula (bueno, al cercado del parque)? ¿O se deja que el destino siga su curso y que este inusual emparejamiento florezca en la salvaje y hermosa Nueva Zelanda?

El parque, que ha sido hogar de aves exóticas durante sesenta años y donde Pinky y su pareja eran los últimos dos flamencos chilenos tras la reciente pérdida de otro, tiene una política de permitir que los animales se queden en la naturaleza si se adaptan. Aunque normalmente regresan, Pinky ha roto todos los esquemas con esta escapada tan lejana y, sobre todo, tan romántica. Por ahora, los cuidadores han decidido «dejarlo correr y ver qué pasa». Quién sabe, quizás Pinky solo necesitaba un poco de aventura y un amor salvaje para ser feliz. ¡Que viva el amor, sea del color que sea y entre las especies que sea!