Pepette, la burra concejala que revoluciona el ayuntamiento francés

Pepette, la burra concejala que revoluciona el ayuntamiento francés
La burra Pepette ha sido nombrada miembro honorífico del ayuntamiento de Saint-Victor-la-Coste, Francia. Esta decisión busca promocionar el papel de los burros en el mantenimiento del paisaje y el «turismo lento», según el alcalde, Jean-Pierre Blatière. Una iniciativa peluda y con orejas largas para el consejo.
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Agárrense que vienen curvas, o mejor dicho, rebuznos. En Saint-Victor-la-Coste, un encantador pueblo del sur de Francia, las últimas elecciones no han tenido un resultado cualquiera. ¿Un nuevo edil prometiendo infraestructuras? ¿Un concejal quejándose de los baches? ¡Qué va! Han elegido a Pepette, una burra, como miembro honorífico del ayuntamiento. Sí, han leído bien, una burra. Y no, no es el argumento de la nueva película de Pixar, es la pura y surrealista realidad.

El cerebro detrás de esta brillante y peluda idea es Jean-Pierre Blatière, el alcalde del pueblo, quien ha decidido darle a Pepette un puesto en el consejo municipal. Lejos de ser una broma de mal gusto o el resultado de un consumo excesivo de queso Roquefort, la iniciativa tiene su razón de ser. El señor alcalde quiere realzar el papel vital de los burros en la región, promoviendo el «turismo lento» y la preservación del paisaje. Según Blatière, estos cuadrúpedos, antaño el «SUV» de las zonas rurales, son maestros en el arte de desbrozar caminos y senderos de forma ecológica, manteniendo los fuegos a raya y la naturaleza impecable. Y, además, son monísimos.

Pepette no es la primera en sentarse en un consistorio. Blatière, un hombre con experiencia en esto de las «políticas equinas», ya intentó nombrar a su caballo hace un tiempo. Aquella vez, la delegación local del gobierno se lo denegó por razones de… bueno, por ser un caballo. Pero parece que los burros tienen un pase VIP. La historia de Pepette ya ha dado la vuelta al mundo, y no es para menos. ¿Se imaginan las reuniones de vecinos? «Pepette, ¿alguna objeción al punto tres del orden del día?». Y ella, con un sonoro rebuzno, aprobando o denegando con su peculiar carisma.

La verdad es que en un mundo donde la política a menudo parece un asno dando vueltas, tener una burra de verdad en el ayuntamiento es, cuando menos, refrescante. Quién sabe, quizás Pepette aporte una perspectiva más «de campo» a las decisiones municipales, o simplemente sirva para recordarnos que a veces, las soluciones más sencillas y adorables son las que marcan la diferencia. ¡Larga vida a la concejala Pepette!