
En Argentina, parece que el ingenio no tiene límites, especialmente cuando se trata de finanzas familiares… o de lo que queda de ellas. Nos llega una historia que podría ser el guion de una comedia negra, protagonizada por un hombre de sesenta y tantos años y su ¡difunta madre! Prepárense para una de esas anécdotas que te hacen frotarte los ojos y pensar: ¿en serio ha pasado esto?
La escena se sitúa en un banco de la provincia de Buenos Aires. Nuestro protagonista, cuyo nombre no ha trascendido (¡y menos mal, menudo papelón!), decidió que la pensión de su madre, fallecida en 2022, no tenía por qué dejar de cobrarse. Su solución fue… peculiar. Se le ocurrió la brillante idea de resucitarla, al menos de forma estética, para su cita bancaria.
El hombre se enfundó una peluca, se aplicó maquillaje con una destreza que ya querrían muchos gurús de YouTube, se caló unas gafas de sol oscuras y, para rematar la faena, se sentó en una silla de ruedas cubriéndose con una manta. ¡La caracterización era total! Llevaba consigo el DNI de su madre, por si las moscas, aunque la idea era pasar desapercibido como la señora en cuestión. Es más, su audacia era tal que, según la policía, ya había intentado la misma jugada en otra sucursal sin éxito.
Pero claro, una cosa es parecer y otra es ser. El personal del banco en la localidad de Coronel Vidal no es de los que se tragan cualquier cosa. Empezaron a sospechar al escuchar la voz grave de la «señora» y, sobre todo, por su rotunda negativa a quitarse las gafas o la manta para ser identificada correctamente. ¡Qué descaro! No es que sea el procedimiento habitual para retirar dinero, precisamente.
La situación escaló cuando, al solicitarle el DNI, la persona en la silla de ruedas siguió con el mutismo y las evasivas. Ante tal situación de extrañeza, y con la intuición bancaria en modo turbo, los empleados decidieron llamar a la policía. Al llegar los agentes y pedirle que se identificara, la verdad, como siempre, salió a la luz. La supuesta anciana resultó ser su hijo, de casi 60 años, desenmascarado y con el pastel descubierto.
El pobre hombre fue inmediatamente detenido y acusado de fraude. Lo que empezó como un plan maestro digno de una película de enredo, acabó con un viaje a comisaría y una buena dosis de vergüenza pública. Desde luego, la lealtad filial a veces toma caminos insospechados, y en este caso, ¡demasiado creativos para su propio bien!.
