París sortea huertos urbanos con gallinas para sus ciudadanos más campestres

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¿Cansado del asfalto y el ruido de la ciudad? ¿Sueñas con el canto del gallo y el aroma a tierra recién removida? Pues si eres de París, estás de enhorabuena, porque el Ayuntamiento ha puesto en marcha una iniciativa tan curiosa como campestre: el programa ‘Poulailler Partagés’, o lo que es lo mismo, ‘Gallineros Compartidos’.

Imagina la escena: tú, con tu sombrero de paja (opcional), cultivando tus lechugas y tomates. A tu lado, unas gallinas picoteando tranquilamente, quizás compartiendo un trozo de tu brócoli mal plantado. No, no es una fantasía rural, ¡es el futuro de la agricultura urbana parisina!

La capital francesa, siempre a la vanguardia, ha decidido que diez de sus ciudadanos más afortunados (y con ganas de ensuciarse las manos) puedan disfrutar de parcelas de entre 15 y 20 metros cuadrados en el mismísimo Parc de Bercy. Pero aquí viene la guinda del pastel, o mejor dicho, la pluma de la gallina: estos huertos se comparten con aves de corral. Sí, has leído bien, gallinas. Eso sí, no son tus gallinas personales. Son gallinas comunitarias, parte del mobiliario vivo del huerto. Se trata de una iniciativa pionera en la ciudad, que busca fomentar la biodiversidad, la agricultura urbana y, de paso, acercar a los parisinos a la naturaleza más allá de sus parques habituales.

Los afortunados que resulten elegidos en este sorteo no solo tendrán su pedacito de Edén verde, sino que también recibirán herramientas y asesoramiento para cultivar sus productos. La idea es que la experiencia sea completa, didáctica y, por qué no decirlo, un poco hilarante. ¿Te imaginas contarle a tus amigos que tus vecinos de parcela son un grupo de gallinas ponedoras? ¡El factor sorpresa está garantizado!

El plazo para apuntarse al sorteo se abrió el 2 de noviembre y cierra el 15 del mismo mes. Así que, si eres parisino y tienes esa vocación campestre oculta bajo tu gabardina de diseño, esta es tu oportunidad de oro. Eso sí, prepárate para madrugar, porque con gallinas cerca, el despertador se vuelve… orgánico.