
Vivir en pareja es, por definición, el arte de ceder. Sin embargo, para algunos, ese arte se ha transformado en una dictadura de las pequeñas cosas que roza lo surrealista. Un hilo reciente ha sacado a la luz los reglamentos internos más dementes que se aplican en casas de todo el mundo, y el resultado es para echarse a temblar.
El misterio del baño sagrado y las toallas de museo
Uno de los casos más sangrantes es el del baño de invitados que nunca puede ser usado por los residentes, ni siquiera en una emergencia intestinal de nivel cinco. Al parecer, la estética de los sanitarios es más importante que la fisiología humana. Pero la cosa no queda ahí: existe un submundo de protocolos textiles donde las toallas deben doblarse estrictamente en tercios para encajar en un orden cósmico que solo uno de los miembros de la pareja entiende. Si te equivocas, prepárate para el juicio final en el salón.
La guerra de la cocina y el veto a los olores externos
En la cocina, el nivel de neurosis colectiva aumenta. Hay casas donde los cubiertos en el lavavajillas deben seguir una formación militar o donde ciertos vasos son exclusivamente decorativos. ¿Beber agua en la cristalería buena? Ni se te ocurra. Pero el premio a la extravagancia se lo lleva la prohibición de oler a exterior. Sí, existen parejas que obligan a sus convivientes a ducharse y cambiarse de ropa nada más cruzar el umbral para no contaminar el hogar con el aroma de la calle. La convivencia, en estos casos, es más parecida a gestionar una central nuclear que a compartir un proyecto de vida.
Cojines intocables y mandos a distancia alineados
Finalmente, llegamos al territorio del sofá. Ese lugar de descanso se convierte en un campo de minas cuando entran en juego los cojines de posición fija. No se pueden aplastar, no se pueden mover y, por supuesto, deben ser ahuecados cada vez que alguien se levanta. Sumado a la regla de alinear los mandos a distancia por tamaño y ángulo, nos queda claro que el amor es ciego, pero también tiene un trastorno obsesivo-compulsivo bastante considerable.
