
Imagina que te lanzas a reformar la cocina de tu casa, esa que lleva en pie desde el siglo XVIII, y de repente, ¡zas! Te encuentras con un botín que parece sacado de una película de piratas. Pues esto es exactamente lo que le pasó a Steve y Caroline, una pareja británica de North Yorkshire, que en vez de encontrar la típica cuchara perdida o una reliquia de tu abuela, se toparon con un tesoro de 264 monedas de oro antiguas. Y no, no es una broma.
Todo empezó en 2019, cuando estos valientes se pusieron manos a la obra con su cocina. Levantaron el suelo y, ¡sorpresa! Dieron con una pequeña vasija de barro, del tamaño de una lata de refresco, llena hasta los topes. Al principio, pensaron que eran monedas viejas, quizá sin mucho valor. Pero la cosa se puso seria cuando el bote, que estaba metido bajo el hormigón, se rompió y salieron volando un montón de discos dorados. Eran monedas de oro de los siglos XVII y XVIII, ¡264 para ser exactos!
Claro, la primera reacción de cualquiera sería un «¿Es esto legal?». Pues sí, porque al haber sido halladas en una propiedad privada (en su propia casa, vamos), estas monedas no entran en la categoría de «tesoro» según la Ley del Tesoro de 1996 del Reino Unido. Esto significa que Steve y Caroline son los legítimos dueños del hallazgo. ¡Menuda suerte!
Pero, ¿quién dejó semejante fortuna escondida? La historia nos lleva a Joseph y Sarah Fernley, una adinerada familia de mercaderes que vivía en esa misma casa en la época en que las monedas fueron acuñadas. Joseph falleció en 1685 y Sarah en 1694. Los expertos creen que fue ella quien, tras la muerte de su marido, decidió ocultar el botín. Y no es de extrañar, la Gran Bretaña de aquella época era un hervidero de conflictos: la Guerra Civil, la Gran Plaga de Londres, el Gran Incendio… Vamos, que esconder tus ahorros bajo el fregadero no parecía una idea tan descabellada.
Las monedas han sido subastadas por la prestigiosa casa Spink & Son en Londres y, agárrate, se esperaba que alcanzaran la friolera de 250.000 libras esterlinas. Steve y Caroline lo han calificado como «la llamada más extraña» que han recibido en su vida, una especie de «bote de oro al final del arcoíris». Sin duda, su reforma de cocina ha pasado de ser un dolor de cabeza a la aventura de sus vidas. ¡Quién pudiera encontrar algo así fregando los platos!
