Paradójico: Talando el Amazonas para salvar el Amazonas

Paradójico: Talando el Amazonas para salvar el Amazonas
Para celebrar una cumbre climática vital en Belém (Brasil), se talaron cientos de árboles amazónicos y fragmentos de bosque. La carretera, esencial para el evento, generó críticas de ambientalistas, quienes denunciaron la ironía de destruir parte del ecosistema para debatir su protección, mientras el gobierno prometía compensaciones. Una solución muy 'verde'.
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A ver, que levante la mano quien no haya cortado nunca un arbolito para ir a una reunión sobre cómo no cortar árboles. ¿Nadie? Pues mira, en Brasil lo han hecho. Imagina la escena: líderes mundiales y expertos medioambientales se reúnen en Belém, una ciudad clave en la puerta del Amazonas, para una cumbre crucial sobre cómo proteger nuestro querido pulmón del planeta. ¿El problema? Para que estos ilustres invitados llegaran cómodamente al evento, parece que hubo que sacrificar unos cuantos inquilinos verdes del propio Amazonas.

Sí, amigos y amigas del salseo ecológico, la ironía es de aúpa. Cientos de árboles, incluidos algunos ya con sus años y su sabiduría amazónica, fueron desalojados de su hogar para dar paso a una reluciente carretera de 3,5 kilómetros. ¿El objetivo? Conectar el aeropuerto con el centro de convenciones donde se celebraba la cumbre. Una cuestión, según el gobierno local del estado de Pará, de ‘imperiosa necesidad’ para acoger a los ‘miles de delegados y periodistas’ que venían a salvar el mundo.

Claro, la noticia no sentó precisamente bien entre los que se dedican a defender la naturaleza. Grupos ecologistas, como el Instituto Socioambiental (ISA), no tardaron en poner el grito en el cielo, calificándolo de ‘atrocidad’ y ‘contradicción’. Y no es para menos, ¿verdad? Mientras unos hablaban de deforestación cero para 2030, otros estaban literalmente despejando el terreno con motosierras. Los ecologistas locales señalaron que esto dañaba un importante fragmento de bosque amazónico, hogar de una biodiversidad que ni te imaginas.

Pero ojo, que el gobierno no se quedó de brazos cruzados. Desde la secretaría de Medio Ambiente y Sostenibilidad (Semas) se apresuraron a explicar que la obra había sido aprobada, sí, pero con ‘exigencias de compensación’. ¿Qué significa eso? Pues que prometieron plantar 2.500 arbolitos nuevos (algunos por la zona, otros vete a saber dónde) y hasta donar la madera de los caídos. Ah, y que no nos olvidemos, que ese fragmento de bosque ‘formaba parte del tejido urbano’ de Belém. Ya sabes, ese viejo truco de llamar ‘parque’ a un trocito de selva.

En fin, que la polémica está servida. Mientras algunos habitantes de la zona se quejaban del polvillo y el ruido de las obras, otros entendían que la ciudad necesitaba modernizarse. Lo que está claro es que la próxima vez que te inviten a una fiesta por el medio ambiente, asegúrate de que no hayan talado el árbol de tu jardín para poner la alfombra roja. Porque hay ironías que, por mucho que nos hagan soltar una risilla nerviosa, duelen un poquito en el alma verde.