En 1914 la cuerda que abría su paracaídas se enredó en la cola del avión y Tiny Broadwick se quedó colgando detrás. Lo que hizo entonces lo cambió todo…
En 1914, durante unas demostraciones para el Ejército de Estados Unidos en la base de North Island, en San Diego, la paracaidista Georgia «Tiny» Broadwick saltó de un avión y se quedó enganchada a él. La línea estática —la cuerda atada al aparato que tiraba del paracaídas para abrirlo— se le había enredado en la cola. Ahí se quedó, colgando detrás del avión en vuelo, sin poder volver a subir.
Entonces cortó la cuerda. Al quedar libre, tiró a mano del trozo que le colgaba y el paracaídas se abrió. Después repitió la maniobra a propósito: línea corta, sin atar al avión, y el paracaídas abierto por ella misma en plena caída. Aquel gesto se cita habitualmente como el primer uso de lo que hoy llamamos tirador (el ripcord) y como el primer salto en caída libre premeditado del que hay constancia.
Se quedó colgada detrás de un avión en marcha y su solución fue cortar la cuerda.
¿Quién era Tiny Broadwick?
Georgia Ann Thompson nació el 8 de abril de 1893 en Oxford, en Carolina del Norte, y al nacer pesó apenas 1,4 kilos. De ahí el apodo, Tiny: diminuta. De adulta seguía por debajo de los cuarenta kilos, y su estatura ni se sabe: las fuentes la sitúan entre el metro veinte y el metro y medio.
Siendo una cría vio en una feria de Raleigh a un tal Charles Broadwick lanzarse en paracaídas desde un globo y le pidió sumarse al número. Saltó por primera vez en 1908, con quince años. Entró en su compañía, los World Famous Aeronauts, donde la anunciaban como The Doll Girl, la chica muñeca, y Charles terminó adoptándola. Eran los años de la bicicleta emancipadora; ella eligió el paracaídas. De aquel primer salto dijo que fue «la sensación más maravillosa del mundo».
¿Cómo se saltaba de un avión en 1913?
El Museo Nacional del Aire y el Espacio del Smithsonian fecha la escena el 21 de junio de 1913, sobre Los Ángeles. Broadwick se sentó en un columpio de trapecio colgado por fuera del avión que pilotaba Glenn L. Martin, fundador de la compañía aeronáutica que lleva su nombre. El paracaídas, diseñado por Charles, iba plegado en una repisa encima de ella. Soltó una palanca, el asiento se desprendió y la cuerda atada al aparato hizo el resto. Ese mismo museo la reconoce como la primera mujer que saltó en paracaídas desde un avión.

¿Por qué importaba cortar esa cuerda?
La línea estática ataba al paracaidista a la máquina de la que estaba intentando escapar. Al abrir el paracaídas por su cuenta, Broadwick enseñó que se podía saltar primero y abrir después, cuando uno quisiera. El mecanismo que acabó siendo estándar lo patentaron otros años más tarde, pero la idea ya había volado. La seguridad aérea sigue dependiendo de inventos así de poco glamurosos, como las bolas naranjas de los cables de alta tensión.
Broadwick siguió saltando hasta 1922, cuando las lesiones de tobillos y rodillas acumuladas en los aterrizajes la obligaron a retirarse: más de 1.100 saltos, según el Departamento de Recursos Naturales y Culturales de Carolina del Norte. Murió en 1978, a los 85 años. Hoy la caída libre se ha vuelto tan rutinaria que hay quien la aprovecha para resolver un cubo de Rubik de camino al suelo.
Vía Amusing Planet, National Air and Space Museum, NC DNCR, WUNC, International Skydiving Museum y Our State.
Foto de portada: Tiny Broadwick con el paracaídas abierto, c. 1913-1922, State Archives of North Carolina (sin restricciones de derechos conocidas).




