Las palomas no agitan la cabeza al andar: la dejan clavada

Parece que la mueven adelante y atrás como un muelle, pero hacen justo lo contrario: la clavan en un punto del aire y el cuerpo las alcanza…

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Parece que la mueven adelante y atrás como un muelle, pero hacen justo lo contrario: la clavan en un punto del aire y el cuerpo las alcanza…

Fíjate la próxima vez que una paloma cruce una plaza. Parece que va dando cabezazos al aire, adelante y atrás, como si llevara un muelle en el cuello. No es eso. La paloma mantiene la cabeza clavada en un punto del espacio mientras el cuerpo avanza por debajo, y solo entonces la lanza de golpe hasta la siguiente posición. Hacia atrás no la mueve nunca.

¿Por qué parece que la paloma echa la cabeza adelante y atrás?

Por una ilusión óptica de manual. Nuestro cerebro toma como marco de referencia el cuerpo del animal, y respecto a ese cuerpo que avanza la cabeza sí retrocede. Respecto al suelo, en cambio, se queda quieta. Es lo mismo que hace que la Luna parezca correr entre las nubes.

Y es una ilusión tozuda: Barrie J. Frost, psicólogo de la Queen’s University de Kingston (Canadá), dejó escrito que no se deshace ni viendo la película a cámara lenta, fotograma a fotograma.

Paloma común caminando sobre el pavimento de una plaza con una pata levantada y la cabeza recogida entre las plumas del pecho
Una paloma en pleno paso por la place de la Bourse de Bruselas. Foto: Trougnouf, CC BY 4.0.

¿Qué pasó cuando pusieron a una paloma en una cinta de correr?

La sospecha venía de antes: en 1975, Mark B. Friedman ya había demostrado en Nature, con tórtolas, que ese movimiento lo gobierna la vista y no el oído interno. La prueba más gráfica llegó tres años después: Frost puso palomas a andar sobre una cinta de correr.

Si el ave igualaba la velocidad de la cinta, el cabeceo desaparecía: caminaba igual, pero el paisaje se quedaba donde estaba y la cabeza dejaba de trabajar. Frost lo publicó en 1978 en The Journal of Experimental Biology como prueba de que estamos ante una respuesta visual, no ante una cuestión de equilibrio.

Quítale a la paloma el paisaje en movimiento y la paloma deja de cabecear.

¿Para qué le sirve tener la cabeza clavada?

Para ver. Mientras la cabeza aguanta quieta, la escena se mantiene estable en su retina, igual que el estabilizador de tu móvil evita el vídeo tembloroso. En 2000, Nikolaus F. Troje y el propio Frost midieron esa quietud: la cabeza queda bloqueada también en vertical y frente a los giros de cabeceo y guiñada, salvo por un pequeño deslizamiento que probablemente sirva de señal de error.

El tirón hacia delante tampoco es tiempo perdido. Al saltar el punto de vista de golpe, el ave obtiene paralaje de movimiento: la profundidad que a nosotros nos dan dos ojos al frente y que una paloma, con los ojos a los lados, saca de otra parte.

¿Qué aves cabecean y cuáles no lo hacen?

Ni mucho menos todas. Se ha descrito sobre todo en aves que rebuscan en el suelo: gallinas, grullas, garzas o fochas. Patos, gansos y cisnes andan sin cabecear, y se ha propuesto que la clave esté en la zancada: con patas cortas y separadas dan pasos pequeños y apenas hay vaivén que compensar. Quien lanzó la hipótesis admite que el reparto sigue siendo un enigma.

Y la lista se mueve: las gaviotas figuraban entre las que no hasta que se documentó a la reidora cabeceando al vadear despacio, en 2006, y a la de Delaware en 2016.

Así que la próxima vez que veas a una paloma cruzar la acera con ese andar de robot averiado, fíjate: la cabeza es lo único quieto. No está mal para un bicho que además guardó durante décadas un mensaje cifrado que nadie ha descifrado.

Vía Laughing Squid. Estudios: Friedman (Nature, 1975), Frost (J. Exp. Biol., 1978), Troje y Frost (2000), Necker (2007), Fujita (2006) y Lisney y Troje (2016). Portada: ilustración generada con IA.