
Se acabó el tomar nota a mano, quejarse en la oficina de turno o esperar a que un concejal con ojeras leyera tu sugerencia número 2.000 sobre el nuevo parque del barrio. ¡Bienvenidos al futuro! O al menos, al futuro de la gestión pública en Ottawa, donde la burocracia ha decidido delegar una tarea tan humana como escuchar a sus ciudadanos… en una Inteligencia Artificial.
Resulta que los cerebritos del ayuntamiento de la capital canadiense han fichado a una IA, cortesía de la consultora Deloitte, para que les eche una mano –o mejor dicho, un algoritmo– a la hora de procesar la avalancha de comentarios y opiniones que reciben del público sobre sus políticas. La herramienta, bautizada como «Narrative Reporting» (que suena a informe de fin de curso pero con superpoderes), tiene la noble misión de masticar y digerir miles de opiniones ciudadanas, identificando temas recurrentes, tendencias de sentimiento (¿están contentos, cabreados o les da igual?) y hasta datos demográficos. Todo, para que el personal municipal no se ahogue en un mar de post-its y mails.
Uno de los primeros «pacientes» de esta IA todoterreno fue el plan maestro de parques y recreación de la ciudad, donde la máquina analizó más de 6.000 comentarios. ¿Imagináis la cantidad de ‘más columpios’ y ‘menos papeleras rotas’ que tuvo que procesar? La idea, según la ciudad, es agilizar el proceso y que los funcionarios puedan tomar decisiones más informadas sin tener que dedicar su vida a leer cada coma de cada sugerencia. Un becario con ojeras y café estaría orgulloso, o quizá un poco celoso, de este nuevo compañero de oficina.
Pero, como todo en esta vida con la palabra «Inteligencia Artificial» de por medio, no todo es de color de rosa. Algunos consejeros municipales, como Shawn Menard, ya han levantado la ceja, preocupados por la transparencia, los posibles sesgos que la IA pueda tener al interpretar las opiniones (¿y si mi queja sarcástica la interpreta como una alabanza?) y si este «filtro algorítmico» no acabará por crear una burbuja en la que solo se escuche lo que la máquina quiere escuchar. ¿Se perderá el matiz humano, la queja más sentida, la idea verdaderamente innovadora porque no encaja en los patrones de la IA?
Desde el ayuntamiento, se defienden con el argumento clásico: la IA es solo una herramienta, no viene a robarnos el trabajo (aún). Aseguran que el personal humano sigue revisando lo que la máquina escupe y que, de hecho, les ayuda a encontrar «matices» y «joyas ocultas» en los comentarios que de otra forma pasarían desapercibidas. Y todo esto, por un módico precio de hasta un millón de dólares en cinco años por los servicios de consultoría digital de Deloitte. ¡Un chollazo si la IA consigue que nadie se queje por un bache!
Así que, la próxima vez que te quejes del ayuntamiento de Ottawa, recuerda que tu voz no solo la escucharán humanos, sino también unos cuantos gigabytes de código y algoritmos. Quién sabe, quizá la IA del futuro no solo procese tu comentario, sino que te responda con un meme perfectamente contextualizado. El futuro, sin duda, promete ser… interesante.
