
En Oklahoma City, la rutina de una joyería de lujo se vio interrumpida por un peculiar episodio digno de una comedia de enredos. Nuestro protagonista, un hombre de 38 años llamado David Williams, decidió que una visita al Jared Galleria of Jewelry en el Penn Square Mall no sería para admirar, sino para «adquirir» una pieza muy especial. Su objetivo: un flamante diamante de 1.25 quilates valorado en la friolera de 23.000 dólares.
La escena transcurría con normalidad. David pidió ver la resplandeciente gema, momento que, según la policía, aprovechó para realizar un «cambiazo» de manual, sustituyendo el diamante auténtico por una imitación. El problema es que, como en las buenas películas, el ojo avizor de un gerente no tardó en darse cuenta de la argucia. ¡Pillado!
Ante la inminente confrontación, David Williams, lejos de entrar en pánico, optó por una estrategia… eh, digamos, ‘interna’. ¿Qué hizo nuestro osado ladrón? Sin pensárselo dos veces, ni seguramente masticar, se zampó el diamante auténtico. Sí, has leído bien: ¡se tragó la joya de 23.000 dólares! Una maniobra desesperada que, sin duda, pilló a todos por sorpresa, probablemente incluyendo a su propio sistema digestivo.
La policía fue avisada y David Williams fue arrestado, pero la pregunta del millón no era si era culpable, sino ¿dónde estaba la prueba del delito? La respuesta: dentro de él. Así que, con el acusado bajo custodia, la siguiente parada fue un hospital. Allí, los agentes y los profesionales sanitarios iniciaron una «operación» de lo más insólita. Su misión: esperar. Sí, esperar a que «la naturaleza siga su curso». Imaginen la escena: un hombre en la cama, policías vigilando, y la esperanza de que, tarde o temprano, el diamante haga su gloriosa aparición. Un botín con fecha de caducidad… o, mejor dicho, de «expulsión».
No es la primera vez que Williams se mete en líos de este calibre, ya que cuenta con un historial delictivo que incluye hurto mayor y robo. De hecho, había salido de prisión en marzo tras cumplir condena por otro hurto. Además de la acusación de hurto mayor por el diamante, también se le imputaron cargos por suplantación de identidad y posesión de sustancias controladas, ya que le encontraron una pequeña cantidad de marihuana.
En resumen, David Williams nos ha regalado una historia que parece sacada de un guion de cine, solo que la recuperación del «macguffin» de la película depende de algo tan mundano como el tránsito intestinal. Una cosa es robar y otra muy distinta es «almacenar» el botín de esta forma. ¡Esperemos que el diamante salga intacto y que la historia tenga un final… evacuado!
